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sábado, diciembre 3, 2022

Guillermo Tell, personaje legendario y héroe nacional

Entrelazado entre lo legendario y lo histórico surge la maravillosa historia de un pueblo valiente y heroico, ahora considerado como una de lo más cultos de Europa: el país de los hombres libres de Suiza (Schwytz).

En el lago verde (lago de los cuatro cantones) en cuyas aguas se reflejan las cumbres heladas de los Alpes, coinciden de los cuatros cantones, de los montes de abetos y lagos congelados, un pueblo de cazadores, pescadores y campesinos, en donde solo habitaban los osos.

Sin embargo, la tiranía del emperador alemán Leopoldo de Hasburgo, se había ensañado contra este desarmado pueblo de laboriosos campesinos y pastores. El yugo del tirano se imponía con suma crueldad a través de Gessler, el gobernador, quien había impuesto la humillante orden de que toda persona, al pasar, salude el sombrero ducal colocado en el centro de la plaza como símbolo de obedencia y sumisión.

Guillermo Tell, del cantón de Uri, experto disparando la ballesta y mejor padre todavía, en su gran nobleza de espíritu, se negó y desafió a la impositiva autoridad, por lo que Gessler lo condenó a una terrible prueba; la de atravesar con una flecha de su ballesta, una manzana colocada sobre la cabeza de su propio hijo, poniendo su vida en riesgo de muerte. Su gran habilidad logró superarlo; pero, mientras tanto, en su sufrimiento, atinó en tener lista otra flecha para el tirano, si fallaba. Este al darse cuenta lo hizo apresar y encarcelarlo. Pero Guillermo Tell logró escapar; aunque su esposa e hijos corrían el más grave peligro. Acosado, perseguido, se dio el enfrentamiento en el camino. De pronto, una certera flecha silbó en el viento y fue a clavarse en el corazón de Gessler.

-Te la tenía prometida. Es la que guardé para ti ese día si moría mi hijo- exclamó.

Inmediatamente la noticia se propagó por todos los cantones. En las cumbres de los Alpes llamearon hogueras dando la señal. Todo el pueblo se puso en pie de lucha y no cesaron hasta que las fortalezas y las puertas de todas las cárceles se abrían de par en par dando libertad a todos los miembros de un pueblo de cazadores, pescadores y campesinos de manos encallecidas por el rudo trabajo.

Guillermo Tell pasó a comandar el pueblo unido en sus diferentes cantones. Consiguieron la libertad definitiva ganando la batalla Morgaten (1,315). Desde entonces es considerado el héroe nacional por excelencia y fundador de la nación Suiza. Primero fueron los cantones de Uri, Schwytz y Unterwalden que conformaron la Confederación Helvética, a la que posteriormente otros se les unieron formando la Suiza actual.

Episodio de La manzana
Toma tu ballesta, gran cazador, y a ver si a cien pasos aciertas a una manzana en la cabeza de tu hijo.
Ante esta bárbara orden los hombres del pueblo retroceden asombrados. Tell siente flaquear su fuerza y sus ojos se nublan.

-¡Eso nunca!- exclama dejando caer su ballesta-. Prefiero morir.
Gessler, desde su caballo, alcanza una manzana de un árbol.

-Vamos, plebeyos, despejad el sitio. Cuéntense los cien pasos ¿Por qué tiemblas, Tell? Será para ti una magnifica hazaña que atravieses la cabeza en vez de la manzana.

-¡No tiembles, padre!- grita entonces Gualterio.

-Dadme la manzana; yo esperaré sin miedo la flecha.
Gualterio ha corrido a ponerse bajo el tilo con la manzana sobre la cabeza. Los hombres aprietan los puños y las mujeres se tapan el rostro llenas de angustia. Gessler mira sonriendo al gran cazador, que está a punto de desplomarse.

-¡Tira, cobarde! Y aprende que solo tiene el derecho de llevar armas el que sabe usarlas.

Entonces Guillermo Tell se recobra. Mira fríamente al gobernador y pide dos flechas. Guarda una en el pecho y pone la otra en el arco. El niño espera sin temblar en medio de un mortal silencio. Tell tensa la cuerda con firmeza, apunta conteniendo la respiración y la flecha salta limpia atravesando la manzana y va a clavarse temblando en el tronco del tilo.

Un murmullo de admiración y de gozo se levanta en todos los pechos, y Gessler se muerde los labios despechado. Tell corre a abrazar al niño, y todo el llanto contenido se le desborda ahora sobre el rostro del hijo.

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