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lunes, noviembre 28, 2022

Cuidar la casa común

El ser humano es sociable, siempre vive en grupo, como las hormigas y abejas. Estos insectos han evolucionado bastante; y en verdad, saben vivir en sociedad, donde cada individuo cumple necesariamente su función de vida. Los individuos humanos aún estamos haciendo esfuerzos para saber vivir bien en sociedad. Al compartir el mismo espacio de tierra: la casa, la ciudad o centro poblado y la región, tenemos la imperiosa necesidad de saber las reglas básicas de convivencia. Hay el principio fundamental de que todos cuidemos la casa donde nos vivimos. Cuando estamos en casa, quienes allí compartimos, debemos procurar mantenerla en orden, completamente limpia. Si uso un utensilio, lo mínimo es dejarlo en mismo lugar y en las mismas condiciones de orden y limpieza.

Si uso la ciudad o el centro poblado, donde se desplazan decenas, cientos y miles de personas, también tengo la obligación de mantenerla limpia; pues, si yo no contribuyo, esperando que él lo haga, así nadie lo hará y la casa común estará descuidada, sucia, en desorden ¿Ese aspecto de ruina, acaso no me afecta? Si afecta a la sociedad, también me perjudica porque yo formo parte de la sociedad. Por tanto, debo ser la persona que cuida la casa, la ciudad.

Cuando el Papa Francisco visitó Puerto Maldonado, en enero de este año, ha dejado en claro su profunda preocupación por su descuido, pues, grandes superficies de bosques naturales están siendo destruidos por la creciente minería ilegal. La malsana codicia del metal enceguece al hombre, que en el afán de acumular más oro está maltratando la casa común. Para extraer oro, se destruyen miles de hectáreas de bosques; se contaminan ríos, quebradas y riachuelos, matando sin misericordia la fauna ictiológica que le da vida al agua; hay cero respeto a la fauna del bosque: mamíferos, reptiles, aves, insectos, invertebrados, aves, es decir, a quienes le dan vida al bosque; se desplazan a comunidades nativas enteras, como si fueran seres humanos sin valor. En las pequeñas “urbes al paso”, se hace abundante trata de personas, especialmente a mujeres, a menores de edad, como si ellas también carecieran de valor. Se conoce que autoridades (políticas, de justicia) de todos los niveles tienen sus “inversiones” en ésta fatídica minería ilegal ¿Cómo se explica que un congresista podría estar de “inversionista”? La información está tan diseminada, que el Papa ha decidido hablar allí sobre éste tema, porque se nota desde el otro lado del mundo, que no se está cuidando la casa de todos. Ya han pasado varios gobiernos nacionales y regionales, y han pasado de largo con éste tema, como si no fuera de su incumbencia ¿Entonces, a quienes les importa? La importancia es tan grande que se necesita de una política nacional para poner el parche.

¿Por qué cuidar la casa común? Las grandes extensiones de bosques naturales devastadas son de interés de la humanidad, no solamente de un país o una región, por esa razón los bosques son considerados de esa magnitud, porque son casa de todos los seres humanos. ¿Por qué es casa común? Porque en ese bosque se produce oxígeno que todo ser humano respira para vivir. En ese bosque hay agua dulce que el ser humano necesita para beber. En ese bosque hay suelo agrícola que el ser humano necesita para producir sus alimentos. En ese bosque hay plantas que el ser humano necesita para leña, muebles, casas, cercas. En ese bosque hay animales silvestres que el ser humano necesita para su alimentación y que forman parte de la cadena evolutiva biológica. Pero, en ese bosque también hay comunidades nativas autóctonas que merecen todo respeto; también se conoce que hay grupos humanos nómades aún no contactados con sociedades inentendibles como la nuestra, que también se merecen nuestro absoluto respeto. ¿Quiénes somos para desplazarles de sus territorios que por miles de años viven allí, los vienen posesionando? ¿Acaso fuimos nosotros los que les pusimos allí en esas tierras? No, somos nosotros los que estamos llegando recién a ese territorio para destruirlo ¿Es que perdimos la brújula de nuestro razonamiento? Al contrario, debemos aprender de ellos, de las técnicas de supervivencia en el interior del bosque virgen. ¿Por qué no se acude a una instancia supra nacional o internacional para que se disponga el inmediato retiro de todo humano que está destruyendo aquel bosque natural de Madre de Dios? ¿Madre de Dios? ¿Quién fue la Madre de Dios? María. ¿Cómo se nos ocurre dar un trato desagradable a la madre naturaleza, que es llamada gentilmente Madre de Dios? “Y dijo Dios: Produzca la tierra vegetación: plantas con semilla y árboles frutales que den en la tierra frutos con semilla de su especie” (Génesis 1, 11). “Y todos los árboles que producen frutos con su semilla les servirán de alimento” (Génesis 1, 29) Éste Edén ha sido dado por Dios para que nosotros, sus hijos, nos alimentemos ¿Estamos cumpliendo ése mandato? ¿Qué hacemos sacando oro, destruyendo los verdes y fructíferos bosques, dañando las límpidas aguas de los ríos con la muerte de sus peses? Así, no estamos cuidando la casa común que Dios nos dio.

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