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miércoles, febrero 28, 2024

“A veces estropeamos la eficacia de un tratamiento contra el cáncer por una mala dieta” advierte médico oncólogo Miguel Quintela

La alimentación puede jugar un papel fundamental en un proceso oncológico. Primero, en la prevención de la enfermedad, pues una dieta rica en vegetales y ajena a ultraprocesados y carnes rojas, por ejemplo, es más saludable y aleja el fantasma de factores de riesgo de cáncer, como la obesidad o la diabetes. Pero cada vez cobra más peso también el rol de la nutrición en pacientes con un tumor ya diagnosticado: una alimentación adecuada no curará la enfermedad por sí sola, pero puede ayudar a optimizar los tratamientos y evitar toxicidades, asegura Miguel Quintela, director del Programa de Investigación Clínica del Centro Nacional de investigaciones Oncológicas de Madrid.

El médico defiende el potencial de una correcta alimentación como un arma más dentro del arsenal terapéutico del cáncer. De hecho, acaba de poner en marcha una spin-off de nutrición oncológica personalizada, TNCterapia, para ofrecer dietas individualizadas a las necesidades de los enfermos: la compañía ha recogido toda la evidencia científica disponible y, a través de un algoritmo, que analiza individualmente el estado del paciente, su tipo de tumor, el estadio y el tratamiento que recibe, entre otras variables, confecciona unas pautas nutricionales que sus nutricionistas traducen en un menú para 15 días de dos platos y postre. “Quitamos nutrientes esenciales para el tumor, damos nutrientes tóxicos para el tumor y modificamos el microbioma [el ecosistema de microbios que puebla el organismo] para modular positivamente el sistema inmune. Estamos contribuyendo con la terapia al tratamiento del tumor: a mejorar la eficacia y disminuir toxicidades”, sintetiza.

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