lunes, agosto 8, 2022

Repensando en el desarrollo de San Martín

Cada vez que encuentro a amigos que han visitado Tarapoto por primera vez, me cuentan maravillados de la belleza de nuestra tierra. Me dicen enseguida en qué hotel han estado hospedados y qué lugares bonitos de San Martín han conocido, siendo mencionados casi siempre los lugares turísticos como la laguna de Sauce, la catarata de Ahuashiyacu, Lamas, Tioyacu y las orquídeas en el Alto Mayo. Los que van por trabajo, mencionan por lo general la fertilidad del valle al que han ido y la hospitalidad de nuestra gente. Pero todos destacan la belleza de la selva verde, las colinas y los ríos de nuestra región.

Yo en cambio tengo menos ganas de ir a Tarapoto. Llego a la casa de mi padre y la primera cuestión que me incomoda es la carencia de agua, recuerdo entonces que ahora hay más horas de racionamiento que cuando construí mi casa hacia fines de los 80a., y me pregunto ya con indignación ¿cómo es posible que las autoridades municipales y regionales no hayan solucionado esta necesidad elemental en más de 20 años?, ¿cómo estarán las otras ciudades de la región?, ¿cuántas enfermedades se podrían evitar?. El otro problema de saneamiento básico es el arrojo de los desagües y desperdicios a los ríos, convertidos así en focos de contaminación para la gente y los peces, hay pues por eso la urgencia de recuperar y repoblar nuestros ríos, reconvirtiéndoles en fuentes de agua limpia, alimentación y recreación para la población, a la vez que atractivo turístico para los visitantes. Esperemos ahora que uno de los médicos que acceda al gobierno regional solucione estos problemas de saneamiento básico de la región.

Otra molestia insoportable en Tarapoto es el ruido de los motocar, es cierto que éstos son un medio de transporte y dan trabajo a mucha gente, pero habrán menos ruidosos y también alguna forma de regular su uso como en otras ciudades. A eso se añade la tugurización del centro de Tarapoto, las invasiones en la periferia y la urbanización creciente de zonas agrícolas como la carretera a Cacatachi, en donde el Estado ha invertido grandes cantidades de dinero para habilitar la irrigación Cumbaza.

Nuestras ciudades carecen además de espacios públicos: Aparte de su plaza mayor, ninguna cuenta con un parque recreativo (especialmente para niños y ancianos), para ello, bastaría desterrar el chauvinismo pueblerino, que por ejemplo prefiere mantener las instalaciones de la región agraria en la área urbana de Tarapoto antes que tener un parque, o de quienes pretenden revivir los antiguos aeropuertos de Rioja, Moyobamba, Bellavista, Juanjui y Tocache, en vez de transformarlos en Parques Ecoturísticos, como lo viene proponiendo para Rioja el Ing. Richard Reátegui. La región también carece de espacios culturales, no tiene un solo teatro ni museo, ni bibliotecas municipales modernas y/o parques científicos, tal como ocurre en ciudades del mundo que privilegian el desarrollo del conocimiento y la cultura de sus nuevas generaciones.

En San Martín por el contrario, supervive la vieja visión economicista del desarrollo (o los compromisos electorales con las constructoras y diversos grupos de interés) centrado en la construcción de carreteras y la ampliación de la frontera agrícola, y recientemente un pequeño grupo interesado en explotación petrolera y minera. Al respecto, he argumentado en dos artículos anteriores (El Protagonista 15/05/10, Voces 10/08/12) por qué San Martín no necesita más carreteras, al cual lo único que añado y explicaré en otro artículo, es la posibilidad de desarrollar el transporte fluvial y turístico por el Huallaga desde Tocache hasta Iquitos y el Brasil. En cuanto al tema agrario, existe abundante bibliografía que explica la vocación y demarcación de nuestras tierras en agrícolas, forestales y de protección, así como, las bondades de los cultivos agroforestales y las potencialidades de una industria forestal, tanto para reproducir el sistema agroecológico como para generar más trabajo. Lo que hace falta para esto en San Martín, así como para contribuir a sustituir el petróleo contaminante (y todos los GEI) por energías limpias y renovables en las que está empeñado el mundo del futuro, son nuevos y más conocimientos.

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