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jueves, diciembre 8, 2022

Rescatando la memoria de Alegría Arias de Morey (5)

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En el primer capítulo de esta serie sobre María Alegría Arias Bahamonde de Morey destacamos el importante rol que le tocara cumplir en la educación tarapotina. Nuestras investigaciones precisarán la época en que asumiría su papel de docente de gran impacto en esta ciudad que, después de Moyobamba, tendría una importancia política y estratégica en la Amazonía.

Es necesario describir el contexto histórico de la época. Mediante ley de 2 de enero de 1857, promulgada por Ramón Castilla, se crean las primeras municipalidades en el país, observándose que, a partir de esta ley, el departamento de Amazonas se configura con las provincias de Chachapoyas, Maynas y la Provincia Litoral de Loreto. También observamos que la provincia de Pataz, que entró a formar parte de Amazonas, pasa a pertenecer definitivamente al departamento de La Libertad.

Para no dejar en el aire lo descrito en el párrafo anterior, explicamos que, mediante ley de 04 de julio de 1857, promulgada por el Consejo de Ministros, encargado de la Presidencia de la República, se crea la Provincia Litoral de Loreto, con su capital la bella ciudad de Moyobamba, ampliando su jurisdicción a toda la Amazonía peruana, dependiente aún del departamento de Amazonas. Recién, por decreto de 07 de febrero de 1866, firmado por Mariano Ignacio Prado, la provincia Litoral de Loreto se erige como el nuevo departamento de Loreto, y Moyobamba sería la capital, aunque la norma no lo dice expresamente.

Desde el año de 1866, Tarapoto era capital de la provincia Huallaga, con jurisdicción hasta la frontera con el Brasil. Es por esta época que María Alegría Arias de Morey ya se desempeñaba en el magisterio en donde volcó su pasión de servicio y amor a los niños, como se acreditaría con la documentación encontrada. En fecha 16 de noviembre de 1872, mediante carta dirigida al gobernador, encargado del despacho de la Subprefectura de la provincia de Huallaga, doña María A. Arias de Morey le comunica que al no haber aceptado la Subprefectura su solicitud de renuncia a seguir enseñando en la escuela que dirigía, por la gravedad de su salud, tuvo que trasladar la escuela a su propia casa, donde contaría con el apoyo y comprensión de su esposo don José Ignacio Morey.

De verdad, emociona leer la carta que escribe María Alegría Arias de Morey. Nos conmueve su pasión y compromiso. En el texto vemos su entrega a una causa, a la causa de la educación realizada con sacrificio, amor y desprendimiento, lejos del lirismo gaseoso y falso de quienes, como en los tiempos actuales, están encargados de la educación y que no son capaces de generar políticas públicas, y menos apoyar a las gestiones gubernamentales, para que tengan éxito.

En efecto, trascribimos el texto para que los lectores conozcan el alma y espíritu de nuestro personaje: “En el primero del corriente renuncié a la Escuela que me honro dirigir, a causa de una grave enfermedad que me atacó a fines del mes pasado. El señor Sub Prefecto, Presidente de la Comisión Provincial [de educación] me contestó mi oficio de renuncia en la misma fecha, y el mismo día me pasó otro a fin de que continuara ejerciendo el destino [su puesto]…. A pesar pues, del mal estado de mi salud, no tuve embarazo en cumplir esta disposición trasladando sí la Escuela de mi cargo a mi casa de habitación donde concurren mis numerosos alumnos. Hoy que me hallo completamente restablecida, he acordado trasladarme al local público de enseñanza donde continuaré mis tareas”. [Continuará].

Nota: El autor de la crónica es miembro de COMUNICANDO, una organización de desarrollo agropecuario, ambiental y cultural, con sede en Tarapoto.

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