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jueves, julio 18, 2024
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La identidad: problema crucial de álgida actualidad (2)

Continuando con este tema tan trascendental para el mundo de hoy, la Identidad, es grato ver cómo algunos investigadores ya van tomando conciencia y llegando a las mismas conclusiones que indicaran, hace más de setenta años ya, Instructores Mundiales como el Maestre Dr. Serge Raynaud de la Ferrière y el Dr. David Juan Ferriz Olivares, quienes no solo ofrecieron la teorética, sino que actualizaron y operativizaron con métodos concretos, la REALIZACIÓN PRÁCTICA (MATESIS) de cómo salir del hundimiento civilizatorio que presenciamos todos hoy en día, mediante “poner al alcance de las multitudes el Sendero de la Iniciación Mayor, libre de limitaciones y prejuicios, viviente, práctico y real”, puro y prístino.

Uno de esos jóvenes investigadores es el guatemalteco Jorge Benito quien nos recuerda algunas de las grandes verdades ofrecidas por la tradición primordial:

“Somos un pequeño universo que constantemente interactúa con otros pequeños universos y de ahí surge nuestra Identidad. Por ejemplo: Pensemos en una casa: En el microcosmos del hogar cada miembro de la familia recibe una identidad clara: padre, madre, hijos, abuelos, visitantes. La psique se adapta al espacio físico que está habitando y la identidad se ordena de acuerdo a esa interacción, el microcosmos que soy y el microcosmos (familia) que me toca habitar en ese momento me dan una identidad “ad hoc”. Mi relación con el microcosmos del hogar me da una identidad. Sé quien soy y qué lugar ocupo. La casa también tiene una periferia, las paredes son los límites que separan el hogar del mundo exterior y en esas paredes tenemos ventanas, desde ellas podemos ver el mundo de afuera donde existen otros microcosmos diferentes al del hogar. Hay otros espacios físicos y también otras personas que no son parte de tu familia.”

“El problema moderno es que hemos corrompido esta maleabilidad o fluidez de la identidad. El progresismo postmoderno dice: “como sé que puedo ser muchas cosas, voy a ser lo que quiera cuando quiera”, y esta ruptura de la relación apropiada entre el centro y la periferia nos ha llevado a identificarnos con algo que siempre debería estar al margen: los deseos y preferencias egoístas. Tener deseos es natural, son parte de nuestra identidad, pero no deben ser el centro de nuestra identidad. Al revés, deben subordinarse a las identidades que vamos adoptando. Siempre deben estar al margen. Si vamos a comprar a la tiendita de la esquina, en ese microcosmos [la tiendita] tú eres el comprador o cliente, ese es tu centro de identidad en ese momento. Si sientes un fuerte deseo por un producto que no puedes pagar y lo robas, ese deseo, que debería haber quedado en la periferia, ha corrompido tu identidad y te has convertido en algo que no deberías ser: un ladrón. Y esto es exactamente lo que estamos viendo hoy con nuestros jóvenes y no tan jóvenes: los deseos se han vuelto el centro de la identidad, sobre todo los deseos carnales. Pero hay muchos otros deseos cada vez más bizarros y dionisíacos que se están abriendo paso reclamando convertirse en el eje central de nuestras vidas y parecemos estar felices de entregárselo pues al fin y al cabo eso es lo que en todo momento nos susurra “el espíritu de la época”: “sé lo que quieras ser. Especialmente eso que sabes que nunca podrás ser.”

“Simbólicamente hemos situado a la gárgola, cuyo lugar apropiado es la periferia de la catedral en el altar, [o sea] en el lugar de máxima adoración. En el microcosmos de la catedral, el centro es el altar, que otorga su identidad al lugar como espacio de comunicación entre el cielo y la tierra, entre lo divino y lo humano. La gárgola, símbolo de lo extraño y fluido, lo oscuro y grotesco, representa los deseos o pasiones brutas más extravagantes; de ahí la forma híbrida de la gárgola, que mezcla lo animal, lo humano y lo monstruoso. Son deseos sombríos, por usar un lenguaje jungiano. Los antiguos sabían que los deseos, incluidos los más insólitos y perturbadores, tienen su lugar en el cosmos, pero sabían también que ese lugar no es el centro, por eso situaban a las gárgolas en los salientes de las canaletas [fuera de la catedral] en el margen o periferia, quedando así subordinadas al centro de identidad de la catedral. La postmodernidad, empeñada en liberarse por completo de todo orden, ha invertido la jerarquía de identidad. Hoy nos llena de orgullo poder identificarnos con todo aquello que nunca debería estar en el centro de nuestra identidad, especialmente el cambiante y caprichoso deseo carnal, ¡y llamamos a eso libertad!… (continuará)

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