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El lago Pomacochas (1)

Publicado por on Feb 16th, 2013 y archivada en Opinión. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Ambos comentarios y pings están actualmente cerrados.

Por: Miuler Vásquez
Según el MINCETUR (2), el lago Pomacochas  (lago o laguna de los pumas) tiene una extensión de por lo menos 450 hectáreas, y se ubica a más de 2200 msnm, al costado de un pueblo que lleva el mismo nombre.
Algunas historias hacen mucho más interesante la visita a este paraje, que de por sí ya se muestra imponente y bello, véase de donde se vea.
Hasta los años treinta, las chacras de maíz, papa y hortalizas, ubicadas en su mayoría al costado y detrás del lago, eran lugares a los que se accedía únicamente caminando o en mula; llegar a estos terrenos productivos de otra forma, es decir, utilizando botes o canoas, ya sea por el temor a sus aguas o por lo inusual que resultaba este método, era impensable. El primer hombre que se atrevió a cruzar el lago, tras una espera de más de tres meses del retorno de su mula, muerta por el desempeño excesivo y en manos de su hijo, quien temía volver debido al castigo que le esperaba, fue don Vidal Catpo. Algunos pobladores, los que lo conocieron, cuentan que estuvo ocho días en su labor de construir una canoa, la que finalmente utilizó para bandear el lago, labor que le tomó unas horas, tiempo ínfimo en comparación de los varios días que le habría tomado ir por el fangoso camino.
Hay una leyenda acerca de una ciudad sumergida, se entiende que por eso el lago era tan poco popular hasta antes de que lo vadeen. Cualquier poblador de Pomacochas está enterado de esta popular historia, así que no es nada difícil saber de ella. A continuación, a propósito, la detallaré.
Dicen que antes, mucho antes, en el lugar donde está el lago, existía una ciudad opulenta, de grandes edificaciones de oro y riquezas sin igual. La gente que allí vivía, no obstante, era ambiciosa y miserable. Sucedió que un día, con el despertar del alba, se apareció un mendigo; lo vieron llegar andrajoso, arrastrando sus pasos en una edad indefinida, eternamente viejo. Nadie supo de dónde venía, ni qué iba a buscar, no obstante la gente al verlo acercarse, le cerraba la puerta en sus narices. El viejo anduvo de casa en casa, todo el día, suplicando que le dieran de beber y comer, cansado, a rastras con su edad; pero fue en vano, no recibió más que insultos y burlas. Al final de la tarde, a punto de morir, llegó a una casita modesta, excluida de las demás y cerca de la salida, al empezar la pendiente. Hizo un último esfuerzo, llamó, pidió agua… Y fue entonces que, una anciana, la única persona que vivía en esta humilde casita, se apresuró a darle de beber; el viejo sació su sed y luego, repuesto del agotamiento, pidió comida también. Tuvo pena la humilde anciana de verlo en esas condiciones tan deplorables, mucha pena, por eso mató su única gallinita, la preparó y le dio de comer, en abundancia; su eventual huésped comió todo, hasta dejar el plato vacío, enseguida se levantó y así le habló a la anciana: “prepara tus cosas y vete de este lugar, porque mañana cuando amanezca, no existirá más”. Y se fue, dejándole unas semillas. La longeva mujer partió de inmediato, a la parte más alta, sin imaginar que al día siguiente, en reemplazo de la ciudad, encontraría un lago. Para esto había tenido un sueño: el vagabundo se hizo Dios, porque Dios era, y subió al cielo y con sus manos, de media ciudad, desde donde la tierra empezó a abrirse en dos, hizo brotar agua hasta inundarlo todo; también hubo soñado que las semillas se convertían en monedas de oro, y en efecto, cuando fue a revisar su bolso, ahí encontró las monedas. Hasta ahora, seguramente, la ciudad debe estar en fondo del lago, eso dicen todos.
Sobre la historia anterior, alguna vez se dijo que cuando el lago disminuía su caudal, se podía ver la parte más alta de una iglesia; esta información, contrasta en su totalidad con la versión recogida en Pomacochas, que más bien nos refiere, solo en algunas épocas y a la vista de muy pocos, el avistamiento de unas aguas luminosas. Lo que se dice en el lugar acerca de la brillantez de estas aguas, alude al oro que posiblemente hay en el interior del lago; quizás, dicen algunos, sea la “viga” que iba a entregarse a los españoles por el rescate de Atahualpa, traída de un cerro cercano y arrojada al lago tras conocerse su muerte.
Del lago también, alguna vez, una sirena emergió a la orilla y se dejó ver por algunas personas; eso cuentan, pero esa ya es otra historia.
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(1) La información acerca del lago, se ha obtenido preguntando a los pobladores oriundos del lugar. Un agradecimiento especial a Giddel Tuesta Dett y Luis Omar Salón, por el acogimiento.
(2) Página web.  MINCETUR. Véase: http://www.mincetur.gob.pe/TURISMO/OTROS/inventario%20turistico/Ficha.asp?cod_Ficha=749

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