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lunes, noviembre 28, 2022

Copa faite

“Caníbal” no hace honor a su sobrenombre. Su paladar no sabe, desconoce mayormente, del sabor saladito que tiene la carne. El famélico puntero derecho de “Cebada y Humo FBC” creció a punta de alverjita partida y ahora, de grandecito, sólo mastica salchipapa de sol y cebiche de pota.

Pero, claro, cuando un trabajito sale como Dios manda, entonces se cobra la revancha y se hunde en los aromas de un tallarín saltado, pero uno de los buenos. Se lo manda traer desde el mismísimo Wa Lock con su fiel “Sabueso”, un abancayno menudo y con tres entradas a Lurigancho que lo hacen gozar de la confianza de su amo.

Ahora bosteza. Mira de reojo -como quien no quiere la cosa- los amagues y puntapiés de los peloteros más faites del barrio y alrededores. “Caníbal” se sobra y tiene de qué. Está en su palco: Silla retráctil y ventana con vista directa al pavimento donde se desempacha el “Mundialito del Porvenir” de La Victoria, en Lima.

Tercer piso de un edificio levantado en el gobierno del generalísimo Odría. Ron con Coca-Cola a su diestra. A la izquierda, una morena de caderas ampulosas, pezones elefantiásicos y escote hasta el ombligo, le prende los Kent number 8 y le peina la cocaína (nota de redacción: “Caníbal” descubrió esos cigarros en una película sobre sicarios paisas). Es un papi en El Porvenir.

Allá abajo, “Los Canallas” tampoco hacen honor a su nombre. “Estrella Real” le está dando como a hijo. A tanto llega la catana que algunos de los más hinchas comienzan a pedir antidoping. “Tan pasados”, “Tan mudos”, “No vale carajo, pa’ que se prenden antes de jugar. Nos están haciendo perder billete”.

Y es que “Los Canallas” parecen un atado de estacas. Sólo el primer tiempo pusieron resistencia, pero ahora son como sonámbulos, como torrejas de carne que a duras penas corren detrás de la pelota y estiran la pata…siempre a destiempo. “Gooooool”, grita el zambo enorme con el 9 en la espalda. “Estrella Real” gana 6 a 1 y el administrador de “Retenes Abigail” –humilde auspiciador del equipo- pide media caja más de chelas y suelta: “Ese lúpulo sí pasa… ¡Salud caraaaajo!”. ¡Salud! Responde un corillo de ganapanes.

Pero la goleada no le hace gracia a José Rabanal Sologuren, nombre de pila con el que hace 20 años bautizaron a “Caníbal”. “Puta mare. Ora si la vaina se puso negra”, rezonga mientras se aplica un tiro que le han traído de Huascarán. Sorbe ron para la bajada de rigor y le dice a sus muchachos que ya basta. No habrá más falsos ni marihuana. En veinte minutos definirán la copa. Así que no más droga, por lo menos no dentro de la próxima hora.

Es 1 de mayo y la cuadra seis está que revienta. Unas 2 mil personas bordean la cancha de brea. Ahí están los equipos que llegaron hasta semifinales y han venido a ver, con el rabo entre las piernas, con quien les pudo tocar si ganaban.

Vecinos desempleados alquilando bancas y ofreciendo menús, pirañas oteando víctimas, víctimas oteando la pelota, vendedores de cerveza, cigarros y otros humos, periodistas que se mueven en manada para protegerse de los pájaros cogoteros y un reducido contingente policial con aire boteriano, terminan de pintar este sabroso cuadro; así, medio a lo Polanco, medio a lo Bendayán, que es el Mundialito del Porvenir.

Disputado desde 1950, meses previos al mundial que se jugó en Brasil, la jornada deportiva se inicia 2 meses antes del Día del Trabajo, fecha inamovible para la final donde no sólo se compite por la copa, sino para determinar cuál es el barrio más bacán, el once más guapo, el que menos arruga y el que más aguanta.

Sin embargo, según cuentan los sobrevivientes de la Asociación Cultural, Vecinal y Deportiva El Porvenir, el campeonato ya no es lo que era antes. Y no le falta razón a ese pelotón de caritas que parecen hechas con arcilla rajada y cuyas cabezas cubren pelos desordenados como de huaype.

“Por aquí pasaron Julio Baylón, Hugo Sotil, Teófilo Cubillas, Pedrito Ruiz, Luis La Fuente, Julio César Uribe, Franco Navarro, los potrillos del Fokker, Waldir Sáenz…”, suelta Don Evaristo. La lista sigue, él sigue enumerando, mientras me alejo en búsqueda de “Caníbal”. La final está por comenzar. El humo se ha disipado. El silbato suena y yo emprendo la retirada. Será mejor así.

 

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