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martes, abril 16, 2024

Nuestra decisión, nuestro voto. Guía para electoras y electores críticos – II Parte

¿Qué dice la encuesta sobre las identidades políticas? Señala que más del 60% no conoce los términos de “izquierda-derecha” y el 36% que sí los conoce. 

Los medios de comunicación tuvieron mucha o alguna influencia para un total de 35% de electores en el 2010 y para un 45% en el 2017. 

La mayoría de estos últimos se ubica en el centro: son “centristas”. En la encuesta del 2017, que sí tiene desagregados por nivel socioeconómico, edad y género, urbanos y rurales, en Lima Metropolitana un 47% sí conoce los términos de “izquierda-derecha” en política; en las regiones, solo un 33%. 

Lo ideológico parece ser exiguamente importante.  

Apenas el 26% declara simpatizar por algún partido, lo cual abre el abanico de decisiones para cada elección. Al no existir “fidelidades” políticas, se tiende a elegir por nuevas agrupaciones. A nivel nacional, el Perú —según Scott Mainwaring, en uno 16 de los clásicos estudios sobre procesos de elecciones— es uno de los países de América Latina con mayor volatilidad electoral.  

Ello, aunque no tenemos el dato preciso, estimamos se agrava aún más a nivel subnacional. Sobre el clientelaje, en la encuesta del 2010, el 29% de encuestados señaló que estaría dispuesto a participar en un intercambio de favores o prebendas —prácticas clientelares— en beneficio de sus familias a cambio de elegir por un determinado candidato o candidata.  

El 14.5% cumpliría el acuerdo y el otro 14.5% no lo haría para finalmente elegir según sus propios intereses. Según Carlos Meléndez para poder monitorear el cumplimiento de los acuerdos clientelajes se requieren dos condiciones: tener una maquinaria política que pueda vigilar el cumplimiento del acuerdo y la percepción de que es posible vulnerar el derecho ciudadano al voto secreto. Sobre lo segundo, el 35% de encuestados cree que los políticos pueden averiguar por quién vota un elector. 

Es así que los candidatos desde esta percepción del electorado, tienen un incentivo para que las prebendas se traduzcan en votos. También es interesante que, en las zonas rurales del país, el 26% cree que los políticos pueden averiguar por quién votó, porcentaje considerablemente menor que en la zona urbana, que es del 39%.  

¿Cuáles son las más importantes influencias para el voto de electores y electoras en el Perú?  

Los medios de comunicación tuvieron mucha o alguna influencia para un total de 35% de electores en el 2010 y para un 45% en el 2017; la familia tuvo mucha o alguna influencia para el 30% en el 2010 y para el 45% en el 2017; los amigos o conocidos tuvieron mucha o alguna influencia en el 21% de electores en el 2010 y para el 33% en el 2017; y los partidos o movimientos políticos tuvieron mucha o alguna influencia para el 18% de electores en el 2010 y para el 29% en el 2017 

En la encuesta del 2017 ha cambiado: el 22% es influenciado por su jefe de trabajo. Y la Iglesia y los sindicatos que influenciaron a un 9% en el 2010, en el 2017 resultaron influenciar a un 27% y 21%, respectivamente. Sobre la confianza en las promesas de las y los candidatos, en el 2010, los electores confiaban más en las promesas de los candidatos a las alcaldías distritales y provinciales. Probablemente, al tenerlos cerca, son más susceptibles de ser fiscalizados. Así, el 49% y el 48% cree que es 17 muy o algo probable que los candidatos a las alcaldías provinciales y distritales cumplan sus promesas, respectivamente. 

En el candidato a la presidencia regional se confía en un 40%, en el candidato presidencial en un 43% y en un candidato al Congreso en un 24%. 

Si comparamos el estudio del 2010 con el del 2017 en materia de lo que electores consideran imprescindible para el funcionamiento de la democracia, veremos que el porcentaje que cree que la democracia es posible sin el Congreso ha aumentado de 34% para el 2010 al 42% para el 2017. Del mismo modo, los que creen que la democracia es posible sin partidos políticos se ha incrementado de 35% a 42% en el mismo periodo de años. Sobre el voto voluntario, el 49% de encuestados para el estudio del 2010 contestaron que definitivamente irían a votar si el voto fuese voluntario 

Nuestro país ha tenido hitos históricos importantes que expresan el difícil proceso de acceso al voto. Un derecho que a lo largo de la historia ha costado hacerse efectivo. Asimismo, la calidad del voto es la segunda etapa del mismo proceso. Esta implica aumentar y mejorar la información de electores y electoras, aumentar el tiempo que nos tomamos para decidir nuestros votos, ser más participativos y más interesados en la política y en las elecciones, adquirir mayor estabilidad en nuestras identificaciones políticas, ser mucho más intolerantes a cualquier práctica clientelaje, diversificar aún más nuestras influencias para el voto, confiar —con sustento— más en las promesas electorales, respaldar más a las instituciones que son primordiales para la democracia y con[1]cebir el voto como un deber cívico en el que debemos participar definitivamente.  

Quizá lo más interesante de los estudios del JNE es que plantean indicadores para mejorar la calidad de nuestros votos. Lo que viene debe implicar desarrollar proyectos que así lo encaminen. En nuestra tercera entrega ¿QUÉ TIPO DE CANDIDATOS O CANDIDATAS EXISTEN? Fuente: Fundación Friedrich Ebert  – JNE. 

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