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viernes, marzo 1, 2024

La trampa del Planeamiento Estratégico y la escalada criminal

Por: Alfredo Angulo Palma (Ingeniero Empresarial y de Sistemas)

Cuando Sendero Luminoso inició su Lucha Armada contra el Estado peruano en 1980, contó con tres condiciones favorables: 1) una población indiferente; 2) Fuerzas Armadas no preparadas para ese tipo de conflicto; y 3) inexistencia de una estrategia. En la segunda década del siglo XXI, la sociedad peruana se enfrenta a otra contienda por su supervivencia: la guerra contra la delincuencia, la cual se está perdiendo, y básicamente por tres condiciones:

Las personas (el pueblo)

¿Alguna vez ha visto una manifestación a nivel nacional o regional por el alto índice de delincuencia? ¿una medida de fuerza violenta toma de carreteras o destrucción de la propiedad pública o privada para destituir al Ministro del interior por no lograr las metas políticas contra el crimen organizado? ¿una huelga general indefinida por los desastrosos resultados del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana? La respuesta es obvia: ninguna. El inconsciente colectivo entiende que esa es una lucha entre las Fuerzas del Orden y la delincuencia. La visión ciudadana oscila entre victimización e indiferencia. La conciencia común respecto a la delincuencia ha sido normalizada por la gran exposición detallada de asaltos, raqueteros, extorsiones, o asesinatos, con lujo de detalles que muestran los noticieros televisivos. Las élites nacionales, es decir los abanderados del país, permanecen en silencio, a la espera de una solución milagrosa del destino. El atentado de la calle Tarata, en el distrito de Miraflores en la época terrorista, despertó la conciencia nacional de enfrentarse a Sendero Luminoso. ¿Que deberá suceder para despertar la conciencia actual y enfrentar abiertamente a la delincuencia?

La Policía Nacional (la fuerza que enfrenta a la criminalidad)

Abandonada a su suerte, menoscabada en su orgullo al sugerir que las Fuerzas Armadas las reemplacen por su ineficiencia, sin equipamiento e instrucción necesarios, y una moral devaluada, la Policía Nacional hace lo que puede. Las celebraciones por rescatar a un empresario plagiado, atrapar microcomerciantes de drogas, bandas delincuenciales, o ladrones de celulares con conferencias de prensa, muestra la conducta reactiva de una organización anquilosada por una jerarquía militarizada, lenta para la toma de decisiones y de nulo conocimiento del entorno estratégico que se agrava cuando debe enfrentar al mismo tiempo, otros problemas de inmigración ilegal o convulsión social. La falta de visión estratégica exige una reorganización inmediata de la Seguridad Interna. Además, es claro que la formulación de escenarios futuros, la relación de factores que anticipen los movimientos de bandas criminales, la determinación de tendencias que incidan en el accionar delincuencial a futuro, o la identificación de actores de incidencia criminal demanda una organización que escape a la rigidez de una jerarquía militarizada, y que tenga la capacidad de desarrollar una teoría de éxito ante situaciones cambiantes del entorno estratégico.

La trampa del Planeamiento Estratégico (La supuesta Estrategia)

Se cree que la estrategia es el Planeamiento Estratégico, craso error. Aunque la unión de esas palabras brinda una connotación a estrategia, en realidad no presenta ninguna relación a ella. La estrategia requiere una teoría que desarrolle poder en escenarios cambiantes, opciones múltiples, voluntades, y circunstancias diferentes, con la finalidad de gestionar la incertidumbre. Contrariamente, el planeamiento estratégico conlleva a una zona de confort, proveniente de la exclusividad de una única opción: la nuestra. En donde no existe otras voluntades ni circunstancias diferentes, y por eso, unilateralmente decidimos incrementar en 5% el gasto corriente, disminuir en 20% los patrullajes, o mantener la cantidad de establecimientos policiales. Bajo esa óptica unilateral, lo único seguro es la asignación de recursos en un periodo de tiempo, pero jamás constituirá una estrategia contra un enemigo que aprovecha la tecnología de vanguardia, los recursos ilícitos, y la indiferencia o resignación de la ciudadanía. En una dialéctica de razones en donde unos tratan de sustraer ilícitamente bienes y otros de protegerlos, solo un liderazgo superior puede conducir una estrategia real y no un plan, en donde todo está supuestamente bajo control, se requiere una estrategia para prevalecer antes que sea demasiado tarde.

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