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viernes, marzo 1, 2024

Corriendo y bailando en la Virgen Dolorosa

Columna: Escenario político.
Nombre: Carlos Job
Correo: [email protected]
Analista Político.

Corríamos con Juan Erick, Rayza y Lucesita en la ciclovía del Colegio Virgen Dolorosa del distrito de la Banda de Shilcayo. Después de toda la jornada deportiva – y luego de haber sudado las respectivas vueltas en la pista – saqué varias observaciones que me parecen deben ser leídas por usted.

La primera es que me encontré con la grata sorpresa que todo el espacio se encontraba limpio, con señales de tránsito, asfalto y además estaba visitado por varios pobladores sanmartinenses.

Claramente, me sorprendió porque estudié la primaria y secundaria en aquella institución compasionista en un inicio y franciscana cuando acabé el quinto de secundaria.

Y lo que recuerdo, es que una vez abandonada las jornadas escolares por las tardes, pocos o por no decir casi nadie se acercaba a visitar esta zona. Y que decir durante épocas de vacaciones escolares donde asumía la condición de un desierto desolado.

En aquellos periodos, donde todavía no existía whastapp y redes sociales se escuchaba en las horas de recreo algunas tenebrosas historias entre el tunchi, asaltos, violaciones, robos en una oscuridad que carecía de presencia de la gente.

Este primer gran cambio me recuerda mucho a la teoría de la ventana rota que nos ayuda a ver como ordenando algunos detalles de la cuidad en el marco de urbanidad combatimos la delincuencia que opera en los focos que le son permitidos.

Una segunda conclusión va claramente con el ejercicio del deporte, en un post del día martes puse claramente la referencia de mente sana y cuerpo sana, y lo resaltante es ver diferentes variedades de deporte.

Observé que los pobladores corren, hacen gimnasia valiéndose de la creatividad de los bancos y muros que el recorrido presenta y, también, bailan.

Los ritmos se presentan para todo gusto, caribeños, toadas, regeton por poner algunos ejemplos que las muy esforzadas Julia, Obdulia y Alicia despliegan con sonrisas que contagian y animan el estado personal de los corredores del momento.

En una ocasión, tuve que abandonar mi rol de corredor, propiamente dicho, y animarme a recibir algunas clases de las tres superpoderosas mujeres que ya tenían como coreografía.

Entonces, encuentro gente activada en el baile y deporte, se escuchan las músicas que las personas que utilizan este servicio público de la cuidad, escuché personas con música tecno, metal y cristiana. Resultando de esta manera un espacio de todos, en la misma manifestación de nuestras diversas creencias y personalidades.

Me atreví a realizar una publicación en mi página de Facebook para retratar estas historias que se encuentran en la ciudad y que deberían pasar a la colectividad de todos nosotros con la finalidad de promover el deporte y realizar estas acciones que nos ayudan en el crecimiento del buen vivir.

Seguramente no alcanzaré a bailar con el ritmo y sabor de mis queridas amigas ni podré correr como la rigurosidad de Juan Erick para cumplir los tramos, pero si puedo atreverme a pensar un poquito más allá de la suma de estos relatos que están ahí, en nuestra vida cotidiana, corriendo o bailando en algún lugar de nuestra querida tierra.

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