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25 años de deforestación: San Martín pierde más de medio millón de hectáreas y el bosque amazónico sigue retrocediendo

Cada hectárea que desaparece no solo borra árboles: también extingue vida, debilita el clima y compromete el futuro de quienes dependen del bosque. Proteger la Amazonía es proteger nuestra propia existencia.

Durante 25 años, la Amazonía peruana ha sufrido una pérdida constante de sus bosques. Entre 2001 y 2025, el país acumuló la desaparición de 3 318 114 hectáreas de bosque amazónico, una superficie equivalente a casi todo el departamento de Cajamarca o más de 11 veces Lima Metropolitana. La cifra confirma que la deforestación sigue avanzando y que las respuestas para frenarla continúan siendo insuficientes.

En San Martín, una de las regiones más impactadas por el cambio de uso del suelo, la pérdida acumulada alcanza 546 952 hectáreas entre 2001 y 2025. Solo en 2025 desaparecieron 16 838 hectáreas, de las cuales cerca de 15 mil hectáreas fueron consecuencia de la deforestación provocada por la actividad humana, mientras que una pequeña parte obedeció a causas naturales.

La serie histórica evidencia que el problema se agravó entre 2005 y 2010, cuando las pérdidas anuales superaron las 34 mil hectáreas, alcanzando su punto más crítico en 2009, con 39 282 hectáreas. Aunque posteriormente las cifras disminuyeron, la deforestación nunca dejó de avanzar y en los últimos años se ha mantenido por encima de las 16 mil hectáreas anuales.

Los datos muestran además que más del 90 % de la pérdida registrada en 2025 fue de origen humano, asociada principalmente a la expansión agrícola, la ganadería y el cambio de uso del suelo. Cada hectárea perdida significa menos biodiversidad, mayor emisión de carbono, alteración del ciclo del agua y una creciente amenaza para las comunidades que dependen del bosque.

La tendencia deja una conclusión ineludible: la conservación de los bosques amazónicos requiere decisiones inmediatas, mayor inversión, ordenamiento territorial y una fiscalización efectiva. La curva de estos 25 años demuestra que cada año de inacción incrementa una deuda ambiental cuyo costo recaerá sobre las futuras generaciones.

Cuando desaparece un bosque, no solo se pierden árboles: se pierde agua, biodiversidad, equilibrio climático y esperanza. Proteger la Amazonía es proteger la vida. Fuente: GeoBosques

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