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miércoles, febrero 28, 2024

La calidad personal y la gestión institucional

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¿Cómo se logra realizar una gestión exitosa? En primer lugar, todos los títulos y cartones de los que hacen gala los individuos no sirven absolutamente para nada si no viene con la calidad de gente y ese don de persona, tan necesarios y vital; ese algo que nace con la persona misma, que no se aprende, pero que se perfecciona. Un funcionario chabacano, rústico, chambón y grosero, aunque esté lleno de títulos, no ayuda a la gestión política. Tampoco abona para el éxito aquel que llega mirando sobre los hombros a la gente.

En los cursos de Relaciones Humanas Dinámicas que dicté en los municipios de Picota y Lamas, cuando sus pueblos eligieron alcaldes inteligentes, y éstos designaron a personas decentes como sus gerentes, siempre les puse el ejemplo que citaba Dale Carnegie, y me refería al caso de una poderosa empresa norteamericana que pagaba el salario más alto, no al gerente general, sino a una persona que no tenía títulos pero que tenía inteligencia para solucionarle los problemas y conflictos. Cuenta también Carnegie, cómo hizo un presidente norteamericano para desembarazarse de un alto funcionario, sin crear problemas políticos que afectaran su gobierno.

Muchos que llegan a los altos cargos públicos parecieran, primero, satisfacer un equivocado ego personal, vendiendo la imagen de profesionales exitosos, lo que es desde ya, una demostración de mediocridad. Los muchos cargos que hayan podido ocupar no quiere decir que sean brillantes, y de hecho no lo son. Hay que reconocer que tienen capacidad (o habilidad) para estar en el lugar adecuado y momento oportuno, o las relaciones amicales de personas de alto nivel que les dan ese privilegio. Pero a pocos les interesa un comino el éxito de la gestión de la que reciben la confianza, porque llegan con malos aprendizajes.

Mis treinta y cinco años de experiencia han reforzado mi convicción de que, más que los títulos y pergaminos de los funcionarios de confianza, los éxitos de sus gestiones se dan por ellos mismos.

Indudablemente se tienen herramientas para ello, como son los documentos de gestión, de planificación, y las directivas internas que se desarrollan para complementar y en donde debe recogerse y consolidarse de una manera casi holística el manejo de las instituciones. Un ejemplo de ello puede ser la Directiva de Gestión Institucional, que, creo, solo la Dirección Regional de Agricultura San Martín cuenta con ella.

Una gestión para que sea exitosa tiene que saber construir su propia visión, acompañado de sinceridad y honestidad, y con actitudes auténticas; y eso lo hace su gente. No abona a ella eso de estar anunciando que si no se hace aquello que, dicen, se le exige, le botarán de su cargo, actitudes propias de ´mediocrones´ confesos. Cuando alguien llega metiendo miedo a la gente, creando zozobra e inestabilidad institucional, afectando el clima laboral y con actitudes atrevidas, ofensivas e insolentes, viene el fracaso de la gestión. Y si este funcionario divide a los usuarios externos entre conocidos y no (“¿El director le conoce a usted?”), que es insultante y ofensivo, no queda sino realizar su cambio inmediato, porque este ordinario y pedestre funcionario denigra las buenas intenciones de la gestión política.

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