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viernes, diciembre 9, 2022

¿Todavía queda alguna duda?

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Luego de ver y escuchar los grandes hechos de corrupción en nuestro país simbolizada y resumida en el caso ODEBRECHT, no sé si todavía queda dudas, que el país está sumida en un hoyo tan profundo de la corrupción que tardará muchos años cambiar.

Tiene que nacer una nueva generación para cambiar ese CHIP que ahora tenemos todos, que la corrupción es parte de nuestro diario vivir. No puedo dejar de mostrar mi sorpresa, como la mayoría de procesos de licitación a nivel nacional, pequeños, medianos y grandes, están direccionados (Tienen dueño) y particularmente perfeccionados desde las entrañas de gobiernos mal llamados democráticos.

La Ley de Contrataciones siempre nos dice “Promoción de la Libre competencia” y “Apoyo a la Micro y Pequeña Empresa”, la cual es puramente teórico, ya que en la práctica, lo que se hace es beneficiar a grandes mafias y apoyar a los “grandes” empresarios, mientras los que queremos participar limpia y sanamente tenemos que quedar relegados y hasta desesperados de no poder hacer nada.

Vivimos momentos muy delicados, si las autoridades se comportan a la altura de su misión y podrían demostrar a la sociedad lo consciente y la rectitud de sus actos.

La ciudadanía se pregunta si existe voluntad política en los diferentes espacios del Estado para entablar una lucha firme contra la corrupción y que finalmente ningún delito sea declarado imprescriptible. Todo apunta a señalar, que en nuestro país y no ajeno nuestra región, ha sido un espacio importante de transacciones ilegales. La sociedad común que somos nosotros, necesitamos saber hasta dónde llegan los tentáculos de la corrupción en la política y en las grandes empresas para que no se pueda sancionar a los mafiosos.

Finalmente, lo que se está demostrando con los hechos evidenciados, es que no queda espacio para la legalidad y la transparencia, todo está podrido de cabo a rabo y por ahora no queda duda, que quieren poder para beneficiarse y no para beneficiar al ciudadano de a pie, solo nos necesitan para sus malévolos intereses.

San Martín no es una isla, hay tantas cosas que aclarar, sobre adicionales de obras, procesos ganados a más del cien por ciento, obras no concluidas, obras por administración directa que inician con un presupuesto y terminan con el doble del mismo, obras no necesarias pero que se hacen no se sabe con oscuros intereses, mejor remitámonos a los archivos del OSCE, para darnos cuenta de lo jodido que está. Reitero, no queda duda de lo mal que estamos.

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