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lunes, febrero 6, 2023

Diciembre: Mes de encuentros y despedidas

Diciembre es el mes de encuentros y despedidas. Es el mes histórico de movimientos familiares, porque algunos integrantes llegan de vacaciones, a pasar junto a los padres, la celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesús, quizá como rememorando las celebraciones de manera conjunta durante decenas de años. Cuánta es la añoranza del hijo a los padres, aunque éstos no hayan sido los mejores, pero, han sido los padres, seres únicos que existen en ésta vida y que nos han dado también la vida. La visita a los padres, es la revaloración que un hijo los tiene. Es posible que un hijo que vive en su propio nido, en otras latitudes, muy lejos de sus progenitores, durante muchas decenas de años, no sea un experto en expresar su sentimiento de amor, sin embargo, el mismo hecho de sentir esas profundas ganas de pasar unos días con los padres, ya es el afloramiento de ese amor que lleva en lo profundo de su ser, aunque al encontrarse no los llena de besos, basta estar bajo el mismo techo algunos días o semanas, ya llena el vacío de amor fraternal que experimentaba. ¿Por qué generalmente esa expresión de amor fraternal se lleva a cabo haciendo coincidir con la celebración del nacimiento de Jesús? ¿Por qué no se realiza en otras fechas? ¿No será porque el amor de Jesucristo siempre está presente en el centro de los hogares, como una amalgama, procurando unir a las familias?

Por otro lado, otras familias experimentan las despedidas de los hijos, generalmente, de los que han concluido la educación secundaria. Los hijos se van y quizá se van para siempre, aunque los padres ni se imaginan, aunque van a prepararse para los estudios superiores, van a realizar sus estudios superiores, pero al fin, se van y esa ida es el preludio de una despedida anunciada, para cuando ese hijo concluya su formación profesional, según la ley de la vida humana, se maduran las plumas de sus alas y emprenden raudo vuelo con su pareja a formar nuevo nido. Por eso, la despedida de un joven hijo en diciembre, es una despedida provisional y un viaje que avizora un vuelo ascendente hasta encontrarse en el espacio infinito una pareja con quien formar nuevo hogar. Hasta aquí, los padres tenían casi todo el control sobre el hijo. La formación básica estaba a cargo de los padres. Si los progenitores no han sabido aprovechar estos quince o dieciséis años de convivencia con el hijo, a partir de éste mes ya vienen las lamentaciones o las alegrías, según cómo los padres han enseñado mal o bien el desenvolvimiento de los niños y adolescentes en la vida real, dentro y fuera del hogar original. La persona actúa según cómo fue formada aquí y allá. No es que aquí actúo de una manera y allá actúo de otra manera. No es que aquí sé saludar y allá no. No es que aquí soy respetuoso y allá no. Por eso, la formación del hijo no es para satisfacer el ego de los padres en el presente, sino la formación del hijo es para la vida, allá en el mundo y en el futuro. Por tanto, éstas despedidas se convierten en escenas tristes, entonces, recién dicen algunos padres: ¿Por qué no le abrazaba y besaba a mi hijo todo el día y todos los días? ¿Por qué no le decía a mi hijo la realidad que le amo todo el día y todos los días? Ahora que se va, los padres le quieren abrazar y el hijo ya no está. Los padres le quieren decir que le aman y ya no está. Claro, los padres que nunca recibieron un abrazo de sus padres, no están habituados a este gran gesto. Los padres no llevan en su hábito interno éste comportamiento, y no pueden dar lo que no tienen, salvo que hayan recibido una inyección espiritual que les haya llenado ése vacío, entonces sí podrían dar lo que llevan dentro su ser. Hay muchos hijos que saltan de un pie al salir de la tutela de los padres, porque ya serán controlados y podrán desarrollar sus hábitos restringidos, generalmente actos negativos, como los juegos por internet, el pandillaje, la drogadicción, la embriaguez. A ésta altura, ya no hay nada que hacer, el joven se va y va muy lejos y de repente para toda la vida. Lo que como padres no se ha hecho en su debida oportunidad, a partir de éste mes de diciembre ya no se puede hacer nada. Lo que los padres no se ha hecho, la sociedad no lo hará, salvo castigar si los actos son malos y premiar si los actos son buenos.

El mes de diciembre, entonces es un mes de encuentros y de despedidas. Alegres encuentros con el regreso de los familiares, aunque de visita; tristes despedidas de los hijos que se van. En fin, es el mes de celebración de la Navidad, cuando alegrías y tristezas se encuentran en los hogares ávidos del amor de Dios.

 

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