🌧️ 26.3 °CTarapotolunes, enero 19, 2026
1 PEN = 0.297 USD|1 USD = 3.362 PEN

Patrullaje en escena: Cuando la delincuencia es diaria y la política es nocturna

Los circos ya no necesitan carpa. Les basta una linterna, una patrulla y una cámara encendida. No se venden entradas: se reparten. Y el público, cansado, escéptico, pero aún curioso, observa desde la vereda.

La alcaldesa de la provincia de San Martín sale de noche a patrullar. No como estrategia institucional, no como resultado de un plan serio de seguridad ciudadana, sino como acto performático. Un acto pensado para ser visto, grabado, difundido y comentado.

Porque hoy, más que gobernar, se gestiona percepción. Y cuando la aceptación es baja, la tentación del show es alta.

El escenario tampoco es casual. Son zonas donde se sabe, como se saben los secretos a voces, que por las noches se reúnen jóvenes, que la oscuridad convoca y el abandono permite. El problema existe, nadie lo niega. Lo que está en debate no es el qué, sino el cómo… y, sobre todo, el para qué.

Porque combatir la delincuencia no es aparecer. No es posar. No es caminar unos metros escoltada y gesto severo, como si el delito se intimidara ante la presencia de una autoridad municipal. El delito no se asusta. Se reorganiza.

Aquí conviene hacer una pausa, respirar hondo y llamar a las cosas por su nombre: esto no es seguridad ciudadana, es campaña electoral anticipada. Es política de linterna, patrullaje de vitrina, prevención de Facebook.

Y no es ilegal. Pero sí es oportunista.

Se ha normalizado robar celulares como quien pide la hora. Amenazar como saludo. Matar como estadística. El miedo se volvió rutina y la indignación, cansancio. Pero combatir esta realidad no consiste en aparecer una noche y desaparecer al amanecer.

La ley es clara, aunque algunos prefieran leerla en letra chica. Una alcaldesa no es policía. No dirige operativos. No ejecuta patrullajes. Su rol no es correr detrás del delito, sino evitar que nazca, se reproduzca y se normalice. Coordinar. Planificar. Presidir comités. Asignar recursos. Exigir resultados. Evaluar impactos.

Pero eso no se viraliza.

Eso no vende.

Por eso el show.

Aquí conviene decirlo sin rodeos: esto no es una operación de seguridad, es una operación política. Una acción simbólica diseñada para transmitir autoridad en tiempos electorales adelantados. Campaña sin banda, mitin sin micrófono, patrullaje sin mando.

Porque resulta más rentable una caminata que una política sostenida de recuperación de espacios públicos. Más efectivo para la imagen un video que una estrategia contra las bandas delincuenciales que se multiplican como sombras. Más cómodo señalar una esquina que enfrentar redes criminales que operan con total impunidad.

Mientras la autoridad camina y posa, el problema espera, los delincuentes observan. Mientras la cámara graba, los barristas se reagrupan. Y cuando el foco se apaga, las amenazas continúan, los robos se repiten, la violencia sigue igual. Menos la percepción, que queda manipulada por unas horas.

Ese es el verdadero problema del espectáculo: confunde presencia con solución. Hace creer que la inseguridad retrocede porque alguien “se hizo presente”. Que el delito se intimida ante una caminata. Que la foto reemplaza al resultado. No lo hace.

Estamos, sin mucho esfuerzo por disimularlo, en plena campaña. Una campaña sin afiches oficiales, pero con actos calculados. Sin propuestas claras, pero con escenografías de seguridad. Sin planes integrales, pero con linternas bien encendidas.

Y ojo: señalar esto no es defender la delincuencia ni minimizar el problema. Todo lo contrario, señalarlo no es atacar por deporte ni hacer oposición gratuita. Es ejercer ciudadanía crítica.

Porque la delincuencia, en esta provincia como en muchas otras, ya no toca la puerta: vive allí, camina con naturalidad, se disfraza de vecino, se camufla en “barristas”, se adueña de las esquinas y decide quién entra, quién sale y quién calla.

Una autoridad eficaz no necesita patrullar para demostrar liderazgo. Una gestión sólida no actúa por impulso, actúa por política pública.

Porque la inseguridad no se combate con gestos, sino con Estado funcionando. Con policía fortalecida, serenazgo articulado, juntas vecinales protegidas, espacios públicos recuperados y autoridades que entiendan que su rol no es invadir funciones, sino hacer que cada institución cumpla la suya.

Cuando eso ocurre, cuando cada engranaje gira donde debe, los resultados llegan. No de inmediato, no con aplausos fáciles, pero llegan. Y son reales.

El problema es que eso toma tiempo. Y la campaña no espera. Por eso el circo. Por eso la escena nocturna. Por eso la caminata breve, el gesto severo, el mensaje simple: “estamos haciendo algo”.

Sí. Algo se está haciendo. Pero no necesariamente lo correcto. Y casi nunca lo suficiente.

Que este lunes no nos gane el humo ni la linterna. Que nos gane la memoria, la reflexión y la exigencia. Porque la seguridad no se actúa: se gobierna. Y el delito no se combate con show, sino con Estado.

El resto es función.

Y las entradas, ya lo vimos, son gratis.

Comparte esta publicación:

Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp