Por Willian Gallegos Arévalo
La noche en que se reunieron los promotores para conformar un nuevo club deportivo debió haber sido un momento emocionante en la vida de los jóvenes. Todos ellos frisaban los treinta años y estaban con los ímpetus para innovar y cambiar sus realidades. Sus entusiasmos eran vitales y casi a todos ellos llegué a conocerlos. El futbol sería una de sus pasiones, y muchos de ellos terminaron como hombres de negocios y maestros de escuela.
Previo a la reunión, apuraron sus cenas para llegar puntuales a la cita en la vivienda del Juan Cortez López quien, siempre amable, los recibiría con el calor humano que todos conocían. Tarapoto no tenía un servicio de luz eléctrica amplio y la iluminación se centraba en la Plaza de Armas y una cuadra a la redonda en un servicio prestado por el agroindustrial don José Luis López Ramírez, el empresario más poderoso de esos años y que se dedicaba a la producción industrial de aguardiente. En esos años se sintonizaba con bastante intensidad emisoras colombianas, especialmente Radio Caracol, y Radio Nacional del Perú y la gente gustaba escuchar los espacios deportivos. Esta circunstancia influiría para designar el nombre del nuevo club.
Por la década del cincuenta del siglo pasado el fútbol argentino tenía un gran prestigio en el escenario mundial. Jugar en los equipos argentinos de la época era el objetivo de los jugadores de todo el continente. Eran comunes los nombres de los clubes bonaerenses y en los encuentros futbolísticos en los barrios todos ponían nombres recurriendo a los de clubes argentinos. En la reunión de esa noche, después que los promotores decidieron organizar un nuevo club para rivalizar con el Boys Tabacones, del ingeniero Manuel del Carpio Carrión y el Deportivo Sucre, llegó el momento de poner nombre al nuevo club. Y vamos a describir el hecho, porque me parece interesante y muy anecdótico.
Mientras Juan Cortez López, Medinacelly Cabrera Pérez, Luis Segundo Ramírez Vásquez y otros escuchaban, se presentaron las propuestas de nombre del nuevo equipo, como se relata en un documento interno del Club Huracán, que me facilitaron. Carlos Vidaurre García, pidió que se llame “River Plate”; Carlos Chú Ríos, que sea “Deportivo Municipal”; Jorge Cortez Leveau, abogó por “Shilcayo River”; Eduardo Rojas Hidalgo, que se llame “Racing Club” y Carlos Valdiviezo López propuso “Atlético Huracán”. Se sometió a votación acordándose designar al nuevo club como “Club Social Deportivo ´Atlético Huracán´”. La aprobación del nuevo nombre, como se lee en el documento del Club, se debió a que en esa época Valeriano López jugaba en el Club Atlético Huracán, de Argentina.
De esta manera se da nacimiento a un nuevo equipo de futbol que se pasearía por canchas sanmartinenses durante cinco décadas y fue el único cuadro deportivo que tuvo una organicidad encomiable y modelo de institución deportiva. Hoy día, su local institucional es sede de eventos sociales, deportivos y culturales. (Comunicando Bosque y Cultura).



