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En San Martín: Ganadería más de una década sin norte

Fondos que se hacen humo en el tiempo: ¿aprovechamiento político y económico de ciertos actores? Es tiempo de propuestas serias.

Por: Beto Cabrera Marina.

La historia reciente del proyecto ganadero de la región San Martín es una secuencia de anuncios, desencuentros, marchas y contramarchas que, lejos de fortalecer al sector, han profundizado la desconfianza y evidenciado la ausencia de una política pública articulada.

En octubre de 2016, durante la gestión del entonces gobernador regional Víctor Noriega Reátegui, la reactivación de la ganadería en San Martín se anunciaba como una prioridad estratégica. Convenios con la Universidad Nacional Agraria La Molina, transferencia científica, mejoramiento genético, implementación de Escuelas de Campo (ECAs), fortalecimiento de pasturas sin ampliar la frontera agrícola y la apuesta por el sistema silvopastoril marcaban una hoja de ruta ambiciosa. Se hablaba incluso de una Mesa Técnica de Ganadería, de una ordenanza regional contra la quema irresponsable de pastizales y de un trabajo articulado con el Ministerio de Agricultura, los gobiernos locales y el Fondo Ganadero Lechero – FONGAL San Martín. A casi una década de esos anuncios, el recuerdo de aquellas promesas vuelve a poner sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿cuánto de esa visión se concretó y cuánto quedó solo en el papel, mientras la ganadería regional sigue esperando políticas sostenidas que transformen los discursos en resultados reales para los productores y el territorio?

Desde su inicio en la gestión del exgobernador Pedro Bogarín hasta su accidentada continuidad bajo la administración de Walter Grundel Jiménez, el proyecto se convirtió en un símbolo de improvisación, contradicciones y falta de transparencia.

El 28 de noviembre de 2023, el presidente de la Mesa Técnica Regional de GanaderosDicson Quijano Argomedo, encendió las alarmas al denunciar que el Gobierno Regional de San Martín (GORESAM) no había realizado un corte administrativo ni financiero del proyecto heredado de la gestión Bogarín. La denuncia era más grave si se consideraba que el propio gobernador Walter Grundel Jiménez había calificado públicamente dicho proyecto como “inservible”, pero aun así permitió que siguiera ejecutándose. La sorpresa aumentó cuando se informó que el proyecto recién ingresaba a una supuesta “etapa de cierre” y que, paralelamente, la Dirección Regional de Producción había contratado a un nuevo consultor para elaborar otro diagnóstico del plan ganadero, como si no existiera un proceso previo ni responsabilidades claras.

Quijano advertía entonces que la Mesa Técnica Regional había presentado un documento con cinco acciones inmediatas, entre ellas la adquisición de leche fresca en los 78 distritos de la región, conforme a ley, para dinamizar la economía local. Sin embargo, pasaron los días y el silencio administrativo se impuso. “Vamos a reiterar la propuesta”, señalaba el dirigente, evidenciando una relación fracturada entre el Estado regional y los productores.

Un mes después, el 26 de diciembre de 2023, el ingeniero y dirigente ganadero Fernando Grández Veintimilla, exalcalde de la provincia de Huallaga, fue aún más contundente: “Este año 2023 se cierra muy mal en el tema ganadero”. Para él, la nueva gestión regional acumuló desencuentros constantes con los ganaderos, al punto de que la Mesa Técnica recién se organizó casi al final del segundo trimestre del año. No hubo —según sus palabras— concertación ni coordinación real; el gobierno regional diseñaba sus propuestas y pretendía que los ganaderos solo las ejecutaran.

Grández Veintimilla cuestionó además el manejo técnico del proyecto, señalando que se introdujeron razas de ganado vacuno no puras y no adaptadas al clima tropical de San Martín. En contraste, explicó que la región requería razas como el Gyr lechero, el Girolando o el Brahman, más aptas para la producción de leche y carne en estas condiciones. Su diagnóstico era claro: sin criterios técnicos ni participación de los productores, el proyecto estaba condenado al fracaso.

La cronología se volvió más confusa con el paso del tiempo. Para el 1 de febrero de 2024Dicson Quijano Argomedo anunciaba que, tras cuatro años sin cumplir metas ni estrategias, el proyecto ganadero había sido cerrado, aunque nadie informaba el destino de los animales de la Granja Ganadera de Calzada ni con qué presupuesto se seguía manteniendo la infraestructura. La información, advertía, se manejaba casi como un secreto de Estado.

Mientras los ganaderos exigían claridad, el discurso oficial parecía ir en otra dirección. En comunicados posteriores, el Gobierno Regional de San Martín, a través del gerente regional de Desarrollo Económico, Leonel Grande Arista, anunció el cierre definitivo del Proyecto Ganadero para dar paso al Nuevo Plan Regional de Desarrollo Ganadero 2025–2029, reafirmando el compromiso del gobernador Walter Grundel Jiménez de priorizar a las comunidades ganaderas. Se habló incluso de presentar un cronograma de culminación física, liquidación y cierre, pero los plazos se dilataban y las certezas no llegaban.

La contradicción se profundizó en febrero de 2025. Por un lado, la Mesa Técnica Regional calificaba al proyecto como un desastre y fracaso, denunciando ineficiencias técnicas, el incierto destino de los animales y la pérdida de la gobernanza del proceso. En conferencia de prensa del 15 de febrero, Quijano fue enfático: “Hemos constatado que se ha perdido la gobernanza”. Los ganaderos denunciaron acuerdos incumplidos, ampliaciones unilaterales del proyecto y la ausencia del gobernador y la vicegobernadora desde noviembre del año anterior. Se dio un ultimátum para una reunión clave el 22 de febrero, donde se definiría el cierre del proyecto fracasado en la época de Bogarín y la implementación real del plan regional.

Pero, casi en paralelo, el propio gobernador Walter Grundel Jiménez realizaba visitas inopinadas a la Granja Ganadera de Calzada, anunciando nuevos estudios técnicos y científicos para optimizar el manejo diferenciado de ganado Girolando y Brangus, resaltando inversiones previas de un millón de soles, la existencia de más de 157 ejemplares y la presencia de razas como Holstein y Brown Swiss. El mensaje oficial hablaba de seguridad alimentariabienestar animal y producción sostenible, mientras los ganaderos insistían en que el proyecto estaba cerrado, fracasado y sin rumbo claro.


Así, el relato se fragmenta: proyecto cerrado, pero con animales sin destino definido; plan nuevo, pero sin lineamientos claros ni consensuados; millones invertidos, pero sin resultados verificables; discursos de sostenibilidad, frente a denuncias de enfermedades, muertes de ganado y acuerdos ignorados. La ganadería en San Martín quedó atrapada en un laberinto de decisiones políticas, anuncios técnicos y silencios administrativos.

Hoy, la pregunta sigue abierta: ¿quiénes ganan y quiénes pierden con esta confusión prolongada? ¿Se trata solo de incapacidad de gestión o existe un aprovechamiento político y económico de un sector estratégico para la región? Lo cierto es que, mientras no exista una política ganadera coherente, transparente y construida con los propios productores, la ganadería sanmartinense seguirá sin norte, viendo cómo los fondos públicos se diluyen en el tiempo y cómo las promesas se repiten sin convertirse en resultados. El momento exige menos propaganda y más propuestas serias, técnicas y concertadas, que devuelvan rumbo y confianza a un sector clave para el desarrollo regional. Fuentes: Gobierno Regional – Mesa Técnica Ganadera.

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