El siniestro ocurrió en la madrugada en el río Marañón; no hubo víctimas mortales, pero el hecho reabre el debate sobre la seguridad en el transporte fluvial.
La madrugada del martes 3 de marzo pudo convertirse en tragedia en el río Marañón. La embarcación fluvial “Bravo”, uno de los llamados “rápidos” que cubren la extensa ruta entre San Lorenzo y Yurimaguas, sufrió un aparatoso accidente a la altura de la comunidad Puerto Industrial, aproximadamente a las 2:30 a.m., con más de 160 pasajeros a bordo.
Entre los ocupantes viajaban personas adultas mayores, niños y mujeres gestantes. Según versiones preliminares recogidas en el lugar, el siniestro habría sido provocado por una presunta negligencia humana, ya que el conductor se habría quedado dormido mientras navegaba en plena madrugada.

Producto del impacto, más de la mitad de la embarcación terminó empotrada en tierra firme, generando momentos de pánico entre los pasajeros, quienes sintieron el fuerte golpe que los lanzó contra los asientos y estructuras internas. “Fue un susto enorme. Gracias a Dios no hubo muertos”, relató un trabajador de la empresa que pidió mantener su identidad en reserva.
Milagrosamente, no se reportaron pérdidas humanas ni daños materiales de gravedad. Sin embargo, el impacto emocional y el riesgo al que estuvieron expuestas más de 160 vidas no pueden minimizarse. En esta ruta fluvial, que dura en promedio 10 horas por trayecto, las condiciones de navegación nocturna exigen máxima concentración y estrictos protocolos de seguridad.
Tras el accidente, la autoridad portuaria —con presencia militar en la zona— llegó para realizar la supervisión correspondiente. No obstante, entre los pasajeros surgió un reclamo que refleja una preocupación recurrente: “Solo cuando hay accidente vienen”. La frase resume la percepción de que la fiscalización se activa de manera reactiva y no preventiva.

Pese al incidente, las operaciones continuaron debido a la necesidad de transporte en esta zona del país. Decenas de ciudadanos dependen diariamente de esta ruta para trasladarse por motivos de trabajo, salud, comercio o estudios, siendo el transporte fluvial la principal vía de conexión entre San Lorenzo y Yurimaguas.
Los “rápidos” cumplen una función vital en las provincias del Datem del Marañón y Alto Amazonas, conectando localidades que no cuentan con carreteras integradas. Sin embargo, la conectividad no puede estar por encima de la seguridad. Especialistas y usuarios coinciden en la urgencia de revisar el estado real de las embarcaciones, las horas de descanso de los conductores, el control del aforo, los protocolos de emergencia y las condiciones de navegación nocturna, considerando que un descuido en un río caudaloso puede costar decenas de vidas en minutos.
Este accidente debe marcar un punto de inflexión. La seguridad en el transporte fluvial no puede depender de la suerte, sino de una supervisión constante, protocolos rigurosos y una cultura de prevención que proteja la vida de los pasajeros.
Por Segundo Chuquipiondo.



