No debemos equivocarnos, elige bien.
La campaña rumbo a las Elecciones Generales 2026 empieza a tomar un tono cada vez más confrontacional, donde las acusaciones personales parecen imponerse sobre las propuestas programáticas. En este escenario, César Acuña, líder de Alianza para el Progreso, y Rafael López Aliaga, representante de Renovación Popular, protagonizaron un duro intercambio de declaraciones que evidencia el nivel de polarización política.
El enfrentamiento se desató luego de que López Aliaga, durante una actividad política en la región La Libertad, arremetiera contra Acuña con calificativos despectivos, cuestionando su capacidad académica al afirmar que “no sabe multiplicar”, además de vincularlo con presuntos actos de corrupción. Estas declaraciones encendieron rápidamente la polémica en un contexto donde la ciudadanía exige mayor seriedad y propuestas concretas.
La respuesta de Acuña, actual autoridad regional, no tardó en llegar y fue igualmente contundente. El líder de APP aseguró que no permitirá que “el peor alcalde de Lima” llegue a la Presidencia de la República, cuestionando la gestión de López Aliaga al frente de la capital. “Si no ha podido con Lima, ¿cómo va a poder con el Perú?”, enfatizó, aludiendo a la necesidad de vocación de servicio y eficiencia en la ejecución del presupuesto público, aspectos que, según afirmó, no se habrían cumplido.
Este cruce de declaraciones ocurre en un contexto en el que ambos políticos arrastran antecedentes recientes en la arena electoral. Tanto César Acuña como Rafael López Aliaga participaron en las Elecciones Generales de 2021, sin lograr avanzar a la segunda vuelta, para luego asumir cargos subnacionales que no culminaron y que han sido objeto de cuestionamientos públicos.
Durante sus respectivas gestiones, ambos líderes promovieron promesas ambiciosas en temas clave como desarrollo económico e inseguridad ciudadana, aunque diversos sectores han señalado resultados limitados, lo que hoy alimenta el debate sobre su real capacidad de gobierno.
En medio de este escenario, la campaña electoral parece encaminarse hacia una dinámica donde predominan los ataques personales, los señalamientos mutuos y la disputa por deslegitimar al adversario, dejando en segundo plano la discusión de planes de gobierno. Para un electorado cada vez más crítico, el reto será discernir entre el ruido político y las verdaderas alternativas de gestión, en un proceso donde, más que nunca, no debemos equivocarnos: elige bien.



