🌧️ 23.3 °CTarapotoviernes, enero 9, 2026
1 PEN = 0.297 USD|1 USD = 3.362 PEN

San Martín ordena su futuro: Zonificación forestal que puede salvar el agua, frenar conflictos y activar la economía del bosque

En medio del avance técnico, el verdadero desafío será que la sociedad civil se apropie de las normas y exija su cumplimiento. El agua para consumo humano debe ser el eje prioritario. Ojalá los políticos en campaña lo entiendan de una vez.

Durante años, la ausencia de reglas claras sobre el uso del territorio amazónico ha sido el detonante silencioso de la deforestación, la ocupación desordenada y los conflictos sociales en la región. Hoy, San Martín se encuentra en un punto de quiebre: la actualización de su Zonificación Forestal ha superado el 70 % de avance, marcando el inicio de una etapa que podría redefinir la relación entre el bosque, la economía y la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

El proceso, liderado por la Autoridad Regional Ambiental (ARA) de San Martín en articulación con el Programa Bosques Productivos Sostenibles del SERFOR, tiene como columna vertebral la elaboración del denominado “mapa fisonómico”, una herramienta técnica que, más allá de su complejidad conceptual, cumple una función esencial: decir la verdad sobre el estado real del territorio. Este instrumento permite identificar con precisión qué zonas conservan bosque denso, cuáles han sido degradadas y qué áreas han perdido completamente su cobertura vegetal. En una región donde históricamente se ha planificado sobre supuestos y no sobre evidencia, esta radiografía marca un antes y un después.

Pero el impacto de esta zonificación va mucho más allá de los mapas. Como lo ha señalado Carlos Villavicencio, gerente ejecutivo del ARA San Martín, tomar decisiones basadas en la realidad del territorio es clave para generar cambios concretos en la calidad de vida de la población. Y es aquí donde aparece uno de los beneficios más urgentes y tangibles: la protección del agua. Al delimitar y blindar legalmente las cabeceras de cuenca y las fuentes hídricas, la zonificación se convierte en un escudo para garantizar el acceso al recurso más vital, tanto para el consumo humano como para la producción agrícola.

En paralelo, esta herramienta también apunta a desactivar uno de los problemas más persistentes de la Amazonía: los conflictos por la tierra. La claridad en las reglas —definiendo qué actividades están permitidas en cada zona— reduce la incertidumbre y, con ello, la confrontación entre comunidades, empresas y el propio Estado. Ordenar el territorio es, en el fondo, ordenar la convivencia.

Sin embargo, el enfoque actual de la gestión forestal ya no se limita a conservar por conservar. La visión que impulsa el SERFOR, a través de especialistas como Daniel Riveraplantea que el bosque debe convertirse en un motor económico sostenible. La zonificación abre la puerta a que comunidades y usuarios puedan aprovechar de manera legal y planificada los recursos maderables y no maderables, generando ingresos sin comprometer la integridad del ecosistema. En otras palabras, se trata de pasar de la economía de la depredación a la economía del manejo responsable.

Este ordenamiento territorial también trae consigo un elemento fundamental: la seguridad jurídica. Con reglas claras, los actores locales pueden proyectar inversiones a largo plazo, acceder a mercados formales y construir cadenas productivas sostenibles. Es la diferencia entre sobrevivir al día a día y planificar el futuro.

No obstante, el mayor desafío no está en los escritorios técnicos, sino en la calle. Como se ha discutido en recientes jornadas con comunicadores de la región, el éxito de la zonificación dependerá de su apropiación socialTraducir el lenguaje técnico en información comprensible y útil para el ciudadano común será determinante. Porque un mapa que no se entiende, no se defiende.

En este contexto, el rol de la ciudadanía es clave. No basta con que el Estado delimite zonas o emita normas; es la sociedad civil la que debe vigilar, exigir y garantizar su cumplimiento. En una región donde el agua comienza a mostrar señales de vulnerabilidad, poner este recurso en el centro de la planificación no es una opción, es una urgencia.

La Zonificación Forestal de San Martín no es solo un avance técnico: es una oportunidad histórica para corregir el rumbo. La pregunta es si la política, siempre atrapada en la coyuntura electoral, estará a la altura de este desafío. Porque mientras los mapas avanzan, el tiempo y el bosque no esperan.

Comparte esta publicación:

Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp