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Perú retrocede en la lucha contra el hambre: la selva en alerta por retrocesos en San Martín y regiones amazónicas

El deterioro de los indicadores alimentarios evidencia profundas desigualdades estructurales. En la Amazonía, regiones como San Martín y Madre de Dios pierden más de una década de avances, reflejando una crisis que golpea con mayor fuerza a los territorios más vulnerables.

El Índice Global del Hambre 2025 (GHI) ha encendido una señal de alarma sobre la situación alimentaria en el Perú, evidenciando un preocupante retroceso a niveles similares a los registrados en 2010. Según el informe presentado por la red Alliance2015, el país alcanza un puntaje de 18.8, reflejando un deterioro significativo en la lucha contra el hambre.

Lejos de tratarse de un problema de producción, el informe subraya que el hambre en el Perú responde a profundas desigualdades en el acceso a los alimentos, pobreza y exclusión, en un contexto donde sí existe disponibilidad suficiente. Esta situación revela fallas estructurales en la distribución y en las condiciones económicas de las familias.

El diagnóstico es contundente: al cierre de 2024, ocho departamentos se encuentran en situación grave de hambre, entre ellos Loreto, región amazónica que evidencia la crítica situación en la selva peruana. También figuran Pasco, Huancavelica, Arequipa, La Libertad, Cajamarca, Puno y Huánuco.

Sin embargo, el foco más preocupante se sitúa en la Amazonía. Regiones como San Martín y Madre de Dios han retrocedido más de una década en sus indicadores alimentarios, perdiendo avances que se creían consolidados. Este retroceso evidencia que la selva enfrenta una crisis silenciosa, marcada por el aislamiento, la limitada infraestructura y el acceso restringido a servicios básicos.

Además, otras regiones amazónicas y del país como Lima, Junín, Tacna, Tumbes, La Libertad, Arequipa, Loreto y el Callao también muestran retrocesos, lo que confirma un deterioro generalizado.

Según Alliance2015, este escenario responde a las presiones inflacionarias de 2022, la recesión económica de 2023 y la persistente inestabilidad política, social y ambiental, factores que han profundizado la crisis. “Todo ha derivado en una crisis no solo económica y social, sino también alimentaria”, advierte el informe.

Las brechas entre lo urbano y lo rural siguen siendo marcadas. Mientras en las ciudades se observa una leve mejora, en las zonas rurales —donde se ubican amplios sectores de la selva— los niveles de hambre se mantienen en condición grave y sin avances significativos.

El contraste con años anteriores es alarmante. En 2019, solo una región estaba en nivel grave; hoy, cerca de un tercio del país enfrenta esta situación. El Perú no enfrenta escasez de alimentos, sino una crisis de desigualdad estructural que golpea con mayor dureza a la Amazonía.

La advertencia es clara: sin políticas sostenidas y reformas profundas, regiones como San Martín seguirán viendo retroceder sus avances en uno de los indicadores más sensibles del desarrollo humano.

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