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La verdadera política está de duelo: Nos dejó un político cabal Héctor Vargas Haya

Se fue un hombre humilde, amazónico de corazón y riojano de nacimiento, cuya vida pública estuvo marcada por la coherencia y la austeridad.

La muerte de Héctor Vargas Haya no solo cierra la vida de un ex presidente de la Cámara de Diputados del Perúsino que abre una inevitable reflexión sobre una forma de hacer política hoy cada vez más escasa. Según fuentes cercanas a su familia, falleció en la sencillez de un departamento alquilado, sin haber acumulado riqueza ni bienes materiales, evocando en su destino final la austeridad de Víctor Raúl Haya de la Torre, líder histórico del aprismo. Murió pobre, pero íntegro, como subrayan quienes lo conocieron.

Nacido el 29 de marzo de 1928 en la ciudad de Rioja, fue hijo de José Vargas Acosta y Eliecer Haya López de Vargas. Desde sus primeros años, su formación estuvo ligada a la Amazonía: cursó estudios primarios en su tierra natal y secundarios en el emblemático Colegio Serafín Filomeno de Moyobamba. Su vocación por las ideas y la palabra lo llevó a convertirse en periodista profesional, egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y posteriormente alcanzó el grado de doctor en la Facultad de Letras de la Universidad de San Martín de Porres.

Su trayectoria política se consolidó en momentos claves de la historia nacional. Fue elegido miembro de la Asamblea Constituyente (1978-1979), participando en la construcción del marco democrático tras años de dictadura. Luego, en 1980, fue elegido Diputado por Lima, y en 1985Diputado por Lima Provincias. Su carrera alcanzó uno de sus puntos más altos en 1988, cuando fue elegido presidente de la Cámara de Diputados, cargo desde el cual impulsó iniciativas de integración regional, como la creación en Lima del Parlamento Amazónico, un organismo que articula a los países que comparten la cuenca amazónica: Perú, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Surinam y Venezuela.

Sin embargo, su trayectoria no estuvo exenta de decisiones difíciles. En 1990en un gesto poco común en la política peruana, renunció públicamente a integrar la lista parlamentaria apristamarcando distancia en un momento crítico. Años después, en 2001, expresó su desencanto frente al segundo gobierno de Alan García, alejándose definitivamente de la militancia en el Partido Aprista PeruanoFue un político que no dudó en romper con su propio espacio cuando sus principios así lo exigieron.

Autor prolífico, Héctor Vargas Haya dejó una vasta obra que combina análisis político, denuncia y reflexión histórica. Entre sus títulos destacan “Contrabando”“Democracia o farsa”“Parlamento y moral política”“Frustración democrática y corrupción en el Perú” y “Perú: 184 años de corrupción e impunidad”, textos que evidencian su permanente preocupación por la ética pública y el destino institucional del país. En ellos, sostuvo con firmeza una idea central: no todo Estado de derecho es necesariamente democrático, y advirtió sobre los riesgos de sistemas legales que terminan sirviendo a intereses particulares antes que al bien común.

Al asumir la presidencia de la Cámara de Diputados el 26 de julio de 1988, reconoció la complejidad del momento nacional y subrayó el rol del Parlamento como motor de transformación social. Defendió una democracia basada en la concertación, la justicia social y el respeto a las reglaspero también insistió en la necesidad de una fiscalización firme frente a la corrupción.

En esa línea, dejó una de sus reflexiones más vigentes: la corrupción no es exclusiva del sector público, sino el resultado de una relación bilateral entre el corruptor y el corrompidouna afirmación que hoy sigue interpelando al país. Para él, el desarrollo nacional debía cimentarse sobre la honradez, advirtiendo que cualquier intento de transformación estaba condenado al fracaso si se toleraban prácticas ilícitas.

Más allá de los cargos y las obras, quienes lo recuerdan destacan su coherencia personal. Vivió como pensó y actuó como escribió. En tiempos donde la política suele asociarse al privilegio, su vida austera representa una forma distinta de servicio público. En palabras que él mismo citaba, retomando a Domingo Faustino Sarmiento“educar es gobernar”, y bajo esa premisa defendió el rol del periodismo, del Estado y de la ciudadanía en la construcción de una sociedad más justa.

Hoy, su partida deja un vacío que trasciende lo individual. Se va un político cabal, un intelectual comprometido y un amazónico orgulloso de sus raíces, que nunca renegó de su origen riojano ni de su vocación por el país. En un Perú golpeado por la desconfianza, su legado invita a repensar el sentido más profundo de la política: servir sin servirsePor: Beto Cabrera Marina.

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