Inversión pública se oxida mientras crece la necesidad de proteger las cuencas hídricas en el Alto Mayo
En una zona clave para el abastecimiento de agua y la conservación ecológica, el abandono de un sistema de monitoreo revela una preocupante desconexión entre inversión estatal y gestión efectiva. La intervención de las autoridades es urgente para evitar que una herramienta vital se pierda entre la maleza y el desinterés.
En medio de la densa vegetación que resguarda la naciente del río Negro, en la región San Martín, un equipo técnico diseñado para el monitoreo hídrico permanece en evidente estado de abandono, convertido en símbolo de una inversión pública que no logra sostenerse en el tiempo. Se trata de un sistema mecanizado de aforo instalado como parte del Programa de Gestión Integrada de los Recursos Hídricos (PGIRH), bajo responsabilidad de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), cuya función es medir y registrar el comportamiento del caudal en un punto estratégico de la cuenca.
La estructura, ubicada en la provincia de Rioja, aún conserva una placa metálica con coordenadas geográficas, altitud y especificaciones técnicas, testimonio de su importancia dentro del sistema nacional de monitoreo. Sin embargo, lo que hoy predomina no es su valor técnico, sino el deterioro progresivo de sus componentes: estructuras metálicas corroídas por el óxido, acumulación de hojas secas y una creciente invasión de maleza que compromete su operatividad.

El entorno inmediato evidencia una ausencia prolongada de mantenimiento. La vegetación ha crecido sin control, dificultando el acceso al equipo y generando serias dudas sobre si el sistema continúa cumpliendo su función. No hay señales de intervenciones recientes ni labores de limpieza, lo que refuerza la percepción de abandono institucional en una zona que, paradójicamente, requiere vigilancia constante.
La situación resulta especialmente crítica si se considera que estas estaciones cumplen un rol fundamental en la gestión sostenible del agua, más aún en cabeceras de cuenca, donde nacen fuentes hídricas esenciales. La falta de operatividad no solo implica una pérdida de recursos públicos, sino también un retroceso en la capacidad del Estado para anticipar eventos extremos como sequías o crecidas, tomar decisiones informadas y proteger a la población.
El problema adquiere mayor dimensión en el contexto del Alto Mayo, una zona bajo creciente presión sobre sus recursos naturales. La ausencia de monitoreo en puntos clave como la naciente del río Negro limita la prevención de riesgos, la planificación territorial y la gestión ambiental, debilitando la respuesta institucional frente a escenarios de cambio climático.
Diversos actores locales y pobladores han advertido sobre la necesidad urgente de que la Autoridad Nacional del Agua (ANA) realice una inspección técnica inmediata, evalúe el estado actual del sistema y ejecute acciones concretas de mantenimiento o rehabilitación. De no mediar intervención, una herramienta estratégica para la gestión hídrica continuará perdiéndose entre la vegetación y el olvido.

El monitoreo constante del caudal permite a autoridades y ciudadanos anticipar crecientes peligrosos o descensos críticos del nivel del agua, facilitando decisiones oportunas. Asimismo, cumple un rol clave en la gestión de ecosistemas y biodiversidad, especialmente en la cuenca amazónica, donde los ciclos hídricos sostienen una extraordinaria variedad de flora y fauna. A ello se suma su importancia en la calidad del agua y la salud pública, ya que el control del caudal, combinado con la vigilancia de contaminantes, permite prevenir enfermedades y garantizar el acceso a agua segura.
En este escenario, el río Negro adquiere un valor estratégico incuestionable. Es la principal fuente de abastecimiento de agua para la población de Rioja y sectores cercanos, incluyendo el distrito de Posic, y sus nacientes se ubican en el Bosque de Protección Alto Mayo, un área natural de alto valor ecológico que resguarda la biodiversidad regional.
El deterioro de esta infraestructura no solo refleja una falla operativa, sino una alerta sobre la necesidad de valorar, cuidar y sostener las inversiones públicas destinadas a la gestión de recursos vitales. En tiempos donde el agua se vuelve cada vez más estratégica, dejar inoperativo un sistema de monitoreo es, en esencia, renunciar a la capacidad de anticipar, proteger y planificar el futuro. Texto y fotos: Beto Cabrera M.



