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Manuel Delgado Alarcón: Sembrando vida y tallando sueños en Flor de Café

En los confines del distrito de Pinto Recodo, en la frontera con la provincia de Moyobamba, en la margen derecha del río Mayo, entre el canto de las aves y el aroma de la flor de café, vive un hombre cuya historia merece ser contada con respeto y admiración. Manuel Delgado Alarcón, de 56 años, no solo es agricultor, sino también artesano, guardián del bosque y un ejemplo vivo de resiliencia y amor por la naturaleza.

Don Mañu, como es conocido en el valle, nació en Jaén (Cajamarca), en el seno de una familia numerosa encabezada por su padre, don Eloy Delgado Díaz, dedicado al cultivo del café. A los 10 años, migró junto a su familia al caserío Flor de Café, en el distrito de Pinto Recodo, donde su vida quedó profundamente ligada a la naturaleza y a la agricultura.

Creció junto a sus siete hermanos, aprendiendo desde muy joven el valor del trabajo, la humildad y el respeto por la tierra. Como muchos en su comunidad, se dedicó a la cosecha de café, actividad clave para la economía local y la identidad cultural del lugar. Sin embargo, su destino iba más allá del cultivo.

Hace más de 40 años inició una labor silenciosa pero trascendental: la conservación de árboles centenarios. En su terreno ha protegido especies emblemáticas como el ojé y el renaco, que superan los cien años de vida y representan el equilibrio ecológico de esta zona amazónica. Hoy, más de diez de estos gigantes naturales se mantienen en pie gracias a su compromiso, convirtiendo su bosque en un refugio de biodiversidad y sabiduría ancestral.

En 2015, impulsado por su creatividad, Manuel incursionó en el tallado en madera reciclada. Sus manos dan vida a figuras que reflejan la esencia amazónica, la espiritualidad del bosque y las tradiciones locales. Su talento fue reconocido al acceder a un proyecto del programa FONCODES, que fortaleció sus capacidades y diversificó sus ingresos.

Este mismo programa también le permitió desarrollar otra de sus pasiones: la panadería. Hoy es reconocido en el valle del Angaiza por la calidad y variedad de sus panes, elaborados con dedicación. Sus productos llegan incluso a colegios primarios, alimentando a niños y niñas con esfuerzo y dignidad.

A más de tres horas y media en moto desde la ciudad de Lamas, se encuentra Flor de Café, un lugar remoto donde Manuel ha decidido sembrar futuro. Además de sus actividades productivas, realiza educación ambiental en su propio bosque, enseñando a las nuevas generaciones la importancia de cuidar la naturaleza.

Manuel Delgado Alarcón no busca reconocimiento, pero su historia lo convierte en un referente. En tiempos en que la deforestación y el abandono amenazan a las comunidades rurales, su ejemplo demuestra que el verdadero desarrollo nace del respeto por el entorno y el compromiso comunitario.

Su vida deja una lección clara: se puede crear, conservar y compartir desde lo más profundo del bosque. En cada pieza que talla, en cada pan que hornea y en cada árbol que protege, Manuel deja una huella imborrable que inspira y nos invita a valorar lo esencial.

Tomás Cotrina Trigozo
Docente universitario
ANP – Lamas – Recinatur

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