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¡La bicolor apuesta por la altura! Decisión de la FPF reabre debate sobre ventaja deportiva y falta de planificación histórica

La estrategia de jugar en ciudades como Cusco y Puno para las Eliminatorias 2030 evidencia un giro en la visión del fútbol peruano, pero también expone años de improvisación en la gestión deportiva nacional.

En una decisión que marca un punto de quiebre en la planificación del fútbol peruano, la Federación Peruana de Fútbol (FPF), encabezada por Agustín Lozano, confirmó que la Selección Peruana utilizará regiones de altura como Cusco y Puno como sedes oficiales durante las Eliminatorias al Mundial 2030, una medida que ha generado expectativa, pero también cuestionamientos.

El anuncio fue realizado por el propio Agustín Lozano durante una actividad en la ciudad de Chiclayo, donde dejó en claro que la determinación no es improvisada, sino que responde a una evaluación directa del comando técnico liderado por el estratega brasileño Mano Menezes. “El comando técnico decidió utilizar las regiones de altura como Cusco y Puno y a mí corresponde darle todo el respaldo 100 %”, sostuvo el titular de la FPF, reafirmando que la apuesta cuenta con respaldo institucional total.

La decisión implica que la bicolor no solo jugará en el tradicional Estadio Nacional de Lima, sino que también alternará con el Estadio Monumental y plazas de altura, configurando un esquema de cuatro sedes oficiales. Este cambio busca aprovechar las condiciones geográficas como un factor competitivo frente a selecciones sudamericanas que históricamente han tenido dificultades para adaptarse a la altura.

Sin embargo, más allá del componente estratégico, la medida deja al descubierto una realidad incómoda: durante años, el fútbol peruano desaprovechó el potencial de ciudades andinas que hoy aparecen como solución urgente. La reciente visita del director de fútbol de la FPF junto a Mano Menezes al Estadio Monumental de la Universidad Nacional del Altiplano (UNA) de Puno confirma que el proceso aún está en fase de evaluación logística, lo que despierta dudas sobre si el país está realmente preparado para sostener esta apuesta en el tiempo.

El giro hacia la altura también plantea un desafío mayor: no basta con trasladar partidos, sino que se requiere infraestructura adecuada, planificación deportiva coherente y un verdadero proceso de adaptación de los jugadores. De lo contrario, la medida podría convertirse en un recurso aislado más que en una política sostenida.

Así, mientras la FPF intenta convertir la geografía en aliada, la decisión también funciona como un recordatorio de las deudas pendientes en la gestión del fútbol nacional. Apostar por Cusco y Puno puede ser una ventaja, pero solo si viene acompañada de seriedad, inversión y visión de largo plazo. De lo contrario, la altura podría terminar evidenciando, más que fortalezas, las debilidades estructurales del balompié peruano.

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