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En San Martín: El bosque que puede convertir desarrollo en prosperidad

Mientras el mundo busca modelos económicos sostenibles frente al cambio climático, la región San Martín emerge como uno de los territorios más estratégicos de la Amazonía peruana.

Su liderazgo agroexportador, crecimiento turístico y enorme riqueza natural contrastan con amenazas persistentes como la deforestación, los fenómenos climáticos y la fragilidad institucional. El desafío ya no es solo conservar el bosque, sino demostrar que mantenerlo vivo puede generar más riqueza que destruirlo.

La escena podría ocurrir perfectamente en cualquier supermercado europeo. Un consumidor en Londres revisa con detenimiento una botella de aceite de aguaje amazónico y un paquete de cacao orgánico producido en la selva peruana. Lee etiquetas que hablan de trazabilidadcero deforestación y producción sostenible. Sin saberlo, detrás de ese producto existe una historia que conecta directamente con la Amazonía peruana y, especialmente, con la región San Martín, uno de los territorios que hoy simbolizan la posibilidad de convertir bosque en desarrollo económico.

La reflexión planteada por la embajadora británica en el Perú, Su-Lin Garbett-Shields, sobre la necesidad de impulsar una bioeconomía amazónica capaz de generar bienestar sin destruir la naturaleza, encuentra en San Martín un ejemplo tangible de ese debate global. La diplomática sostiene que “el bosque vale más en pie”, una frase que resume la nueva mirada económica sobre la Amazonía, donde la sostenibilidad dejó de ser solamente un discurso ambiental para convertirse en una estrategia de competitividad.

En el mapa económico nacional, San Martín se ha consolidado como un actor estratégico. La región aporta aproximadamente el 1.2 % del Producto Bruto Interno (PBI) nacional, posicionándose como uno de los motores productivos más dinámicos de la Amazonía peruana. Su crecimiento ha sido impulsado principalmente por la agricultura de exportación, actividad que la ha convertido en líder nacional en productos como cacao, café, arroz, palma aceitera, sacha inchi y otros cultivos alternativos que hoy llegan a mercados internacionales cada vez más exigentes.

Pero el crecimiento de San Martín no se limita al agro. En los últimos años, la región ha alcanzado el cuarto lugar nacional en afluencia turística, consolidándose como uno de los destinos más visitados del país gracias a su combinación de naturaleza, gastronomía, cataratas, biodiversidad y cultura amazónica. Lugares emblemáticos como Tarapoto, Moyobamba, Lamas, Sauce y el Alto Mayo se han convertido en símbolos del turismo ecológico y vivencial que busca experiencias sostenibles en medio del bosque tropical.

Sin embargo, detrás de estos indicadores alentadores también aparecen profundas contradicciones. El mismo territorio que lidera procesos de desarrollo sostenible enfrenta amenazas severas. La deforestación acelerada, impulsada por actividades ilegales, expansión agrícola desordenada y tráfico de tierras, continúa degradando ecosistemas estratégicos. A ello se suman los efectos cada vez más intensos de los fenómenos climáticos y geológicos: inundaciones, deslizamientos, sequías y erosión que afectan directamente a miles de familias rurales.

Los desafíos tampoco terminan allí. Persisten problemas estructurales vinculados a la salud pública, las brechas de infraestructura, la limitada capacidad institucional y las dificultades de gobernanza territorial. En muchas zonas rurales, el acceso a servicios básicos sigue siendo precario, mientras que las comunidades enfrentan incertidumbre frente al avance de actividades económicas que ponen en riesgo los recursos naturales.

Precisamente por ello, el debate sobre la bioeconomía cobra mayor relevancia. Según la visión promovida por el Reino Unido y diversos organismos internacionales, el futuro de la Amazonía dependerá de construir cadenas productivas sostenibles capaces de generar empleo, valor agregado y competitividad sin destruir los bosques. Se trata de impulsar mercados donde productos amazónicos certificados, orgánicos y sostenibles tengan mayor demanda y mejores precios.

En este contexto, San Martín aparece como un laboratorio natural para demostrar que sí es posible crecer preservando el bosque. La región ya ha dado señales importantes con experiencias de producción sostenible, conservación de áreas naturales, impulso al ecoturismo y fortalecimiento de cooperativas agrarias orientadas a la exportación.

El desafío ahora es escalar ese modelo. Convertir la sostenibilidad en una política pública sólida, atraer inversiones responsables y consolidar una economía amazónica que beneficie tanto a las comunidades locales como al país. Porque el verdadero valor de la Amazonía ya no se mide únicamente por los árboles que se talan, sino por la capacidad de transformar biodiversidad, conocimiento y sostenibilidad en oportunidades económicas duraderas.

Y en esa gran discusión nacional sobre el futuro del Perú frente al cambio climático, San Martín no solo aparece como una región productiva. Aparece como una pieza clave para demostrar que la Amazonía puede ser, al mismo tiempo, desarrollo, competitividad y esperanza.

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