En tiempos donde muchos jóvenes buscan oportunidades lejos de su tierra, hay historias que demuestran que el desarrollo también puede construirse desde el territorio, la identidad y los productos locales. En la provincia de Lamas, una pareja de emprendedores decidió apostar por el cacao, por sus raíces y por un trabajo con propósito. Hoy, once años después, su experiencia inspira a mirar nuevamente el enorme potencial de lo nuestro.
Todo comenzó con el aroma del chocolate. Neydi Rosario Ramos Quevedo, natural de Alonso de Alvarado-Roque, llegó a Lamas por esas vueltas inesperadas de la vida. Allí descubrió una tierra donde el cacao forma parte de la cultura y del paisaje productivo. Lo que inicialmente fue curiosidad terminó convirtiéndose en un proyecto de vida.
De manera autodidacta, Neydi empezó a estudiar chocolatería a través de tutoriales en internet, investigaciones y prácticas constantes. Participó en eventos relacionados con el cacao y el chocolate, aprendiendo paso a paso un oficio que más adelante se transformaría en emprendimiento. No había grandes recursos ni respaldo empresarial; había disciplina, creatividad y una convicción clara: transformar el cacao local en un producto con identidad.

Junto a ella apareció Kiler Hidalgo Mori, joven lamista que decidió regresar a sus raíces para emprender en su propia tierra. Más que crear una empresa, buscaba impulsar un proyecto que generara empleo, dinamizara la economía local y enseñara a valorar el verdadero chocolate artesanal, aquel que conserva los sabores del bosque y el trabajo de quienes lo producen.
Así nació Pepitas de Cacao, una marca construida sobre la unión de la sierra y la selva, y sobre el esfuerzo de dos jóvenes convencidos de que el desarrollo también puede surgir desde lo local. Los inicios fueron difíciles. Participaron en ferias, recorrieron eventos y dedicaron años a explicar sus procesos y convencer a los consumidores de que un chocolate artesanal podía competir en calidad y creatividad.
Con el tiempo, el esfuerzo empezó a dar resultados. Las ferias se convirtieron en vitrinas, los eventos en escuelas y cada cliente satisfecho en una nueva oportunidad de crecimiento. Ganaron concursos, participaron en proyectos y accedieron a programas impulsados por el Estado y el Gobierno Regional.
Después de ocho años como emprendimiento familiar, en 2023 dieron un paso decisivo: se constituyeron formalmente como empresa bajo el nombre KAKAW MURUNKUNA E.I.R.L., denominación inspirada en el quechua lamista y cuyo significado es precisamente “Pepitas de Cacao”, reafirmando así su compromiso con la cultura y la identidad local.

La evolución continuó en 2025, cuando la empresa accedió a fondos no reembolsables de ProInnóvate, programa del Ministerio de la Producción orientado a fortalecer la innovación empresarial. El objetivo fue incorporar herramientas digitales para mejorar la trazabilidad de la producción, optimizar compras y ventas y fortalecer la comercialización online.
Los resultados fueron contundentes. La implementación de sistemas digitales permitió reducir los costos operativos en un 47,15 %, superando ampliamente la meta inicial planteada. La digitalización de inventarios, compras, facturación y producción mejoró el control interno y elevó la eficiencia del negocio.
Al mismo tiempo, la marca logró mayor visibilidad. La creación de la página web oficial, el fortalecimiento de redes sociales y la generación de contenido digital permitieron posicionar a Pepitas de Cacao en nuevos mercados. Facebook registró un crecimiento del 48,4 % en seguidores, Instagram aumentó un 16,4 % y TikTok superó el 238 % de crecimiento.
Sin embargo, el mayor avance fue humano. La satisfacción de los clientes pasó del 48 % al 88 %, mientras que los tiempos de respuesta y los envíos mejoraron notablemente. La tecnología dejó de verse como algo lejano y se convirtió en una herramienta para potenciar el trabajo local.

La historia de Pepitas de Cacao deja una lección poderosa para los jóvenes emprendedores: los productos locales sí pueden convertirse en empresas sostenibles cuando se combinan identidad, innovación y visión de futuro.
San Martín posee cacao, café, frutas amazónicas, plantas medicinales, gastronomía y conocimientos ancestrales. Pero muchas veces esos recursos se comercializan únicamente como materia prima, sin generar valor agregado.
Experiencias como la de Neydi y Kiler muestran otro camino: transformar, innovar y contar historias a través de los productos locales. Porque emprender con lo nuestro no significa quedarse atrás; significa construir desarrollo desde el origen.
Hoy, desde Lamas, Pepitas de Cacao demuestra que el futuro puede tener sabor a cacao, pero también a identidad, esfuerzo y raíces.



