En el complejo escenario electoral, el análisis suele centrarse en la superficie de las promesas económicas o las rivalidades partidistas. No obstante, una mirada cultural y científico-sociológica profunda revela que la verdadera crisis radica en el estado de la conciencia colectiva. Como advierte el Maestre Dr. Serge Raynaud de la Ferrière, citando a Gustavo El Bueno: «LOS HOMBRES NO SON GOBERNADOS POR SUS INSTITUCIONES, SINO MÁS BIEN POR SU CARÁCTER». Desde esta óptica, los procesos electorales son apenas el reflejo de una sociedad que se debate entre la inercia del pasado y la necesidad de una reeducación fundamental, que sufraga con la lucidez del análisis y no con los resentimientos primitivos, emocionales, propagados…
En uno de sus diagnósticos más agudos sobre el malestar social contemporáneo este sabio señala que es nefasto seguir basándose en la auto-centralización materialista que ha servido como patrón para servir exclusivamente al individuo en relación con sus necesidades y sus deseos. Este fenómeno ha reducido la espiritualidad a un aspecto puramente social, provocando que la visión de la humanidad sea dirigida por un egocentrismo que ignora la interdependencia universal. Al fundar la civilización sobre jerarquías de intereses personales, oficinas y sindicatos, se ha operado una verdadera «mutilación» en el ser humano, borrando de la preocupación de los conductores de naciones toda aspiración ética y espiritual.
Esta perspectiva, desarrolla la idea que esa confusión de conceptos sobre la posición real de la humanidad ha degenerado en las “ideologías agresivas que componen el fundamento de los movimientos mundiales de la actualidad”. Estas ideologías no son causas, sino efectos de un espíritu enfermo que busca soluciones materiales a problemas que son, en su esencia, de carácter espiritual. El sectarismo y el fanatismo, ya sea religioso o científico, actúan como un «zodíaco mental» —un círculo de prejuicios de raza, casta o nacionalidad— que impide la comprensión y la fraternidad universal.
Desde un punto de vista sociológico, el ejercicio del voto representa el libre albedrío, un don que permite una actividad independiente pero que entraña necesariamente la responsabilidad. Así leemos: «El pueblo debe ser libre de escoger hasta la clase de miseria, de suicidio o de ignorancia que prefiere», ya que este es un «derecho kármico» que debe serle garantizado. Sin embargo, la persistencia en el error conduce inevitablemente a sanciones dolorosas impuestas por el orden natural de las cosas. Las fallas de las colectividades, al igual que las del individuo, son las que conducen a su propia ruina.
Frente a la ineficacia de los sistemas políticos que se disputan la supremacía, surge la propuesta de evolucionar hacia una «Teocracia Científica». Esta noción no se refiere a un gobierno de monjes, sino a una dirección colegiada por «psicólogos, pedagogos, iniciados y sabios». El objetivo es un gobierno mundial que no repose en la astucia proselitista, sino en el conocimiento profundo de la naturaleza humana y una autoridad emanada tanto de la sabiduría como del servicio impersonal. La sociedad solo marchará rectamente el día en que sea gobernada por un consejo que sea, simbólicamente, «Doctor, Militar e Ingeniero», representando la dirección del alma, la ley protectora y el trabajo constructor:
“Los prehistos pretendían con justa razón que para gobernar a los hombres hay que conocer perfectamente su cuerpo y su alma. . .La Sociedad no marchará recto en la vía del bien. . .El mundo no recuperará su equilibrio moral y honesto (…) sino el día en que será mandado, dirigido y gobernado por un Maestro, un Consejo que será Doctor, Militar, Ingeniero: El elemento Doctor representará el Sacerdocio, la Dirección, el “Gobierno. El elemento Militar representará la Ley protectora del Bien. El elemento Ingeniero representará el Trabajo, amigo de todos “los atributos intelectuales, pero enemigo de los inactivos, de los “inútiles, de los holgazanes y de los indeseables”.
“Esta predicción de P. T. Ananké refuerza el punto de vista de muchos sabios, filósofos, hombres de pensamiento, ocultistas e Iniciados de todos los grados, que buscan la Verdad para establecer un Reino de Sabiduría. . .” (Raynaud,1948)
La mención sobre el elemento “ingeniero”, enemigo de los inútiles, holgazanes, e indeseables, me recuerda la enorme carga y verdadera “sangría” de la burocracia estatal, donde muchos ganan sueldos “jugosos” sin mérito verdadero alguno…
Así pues, la humanidad se encuentra ante el desafío de superar el «tipo gregario» que solo busca seguridad pasiva en la «manada» y nivelar la mediocridad. El éxito de una nación depende de que sus habitantes se conviertan en verdaderos «ciudadanos del mundo», hombres libres que, aunque pertenezcan a un partido o religión, respeten la autoridad establecida y cooperen dignamente con todos los individuos.
Por lo tanto, la verdadera labor no es meramente electoral, sino de reeducación. Es imperativo que el individuo abandone los modos estrechos de ver las cosas y comprenda que nada se construye sólidamente sin que contenga las enseñanzas de los Grandes Maestros de Sabiduría.
En conclusión, la actual coyuntura es una oportunidad para reflexionar sobre la necesidad de un equilibrio entre lo material y lo espiritual. El hombre que no vive en función de las energías superiores entorpece la armonía universal y se torna responsable de los males que afligen a la sociedad. La invitación final es a «vigilar atentamente la Rueda del Destino y Trabajar», elevando el pensamiento hacia las Potencias Directrices del Universo, usando mas nuestro córtex cerebral y menos el cerebro basal (primitivo, reptiliano).



