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San Martín: Cuando las coberturas no bastan. Una mirada a la situación sociosanitaria de la región según la ENDES 2025

Por: Médico Neptalí Santillán Ruíz

Hay cifras que tranquilizan y cifras que inquietan. Y luego están aquellas que obligan a pensar. Los resultados de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025 colocan a San Martín precisamente en esta última categoría: una región que ha logrado avances importantes en la cobertura de servicios de salud, pero que todavía no consigue traducir plenamente esos esfuerzos en mejores resultados sanitarios para toda su población.

La primera conclusión es evidente: San Martín no es una región rezagada. Por el contrario, en varios indicadores relacionados con el desarrollo infantil temprano muestra desempeños superiores al promedio nacional. La cobertura de vacunación infantil, los controles de crecimiento y desarrollo (CRED) y la lactancia materna exclusiva constituyen fortalezas que reflejan años de trabajo de los profesionales y técnicos de los servicios de salud, de los gobiernos locales, de las organizaciones comunitarias y, sobre todo, de las propias familias.

El 78,8% de los niños menores de 36 meses cuenta con vacunas completas para su edad, frente al 65,8% registrado a nivel nacional. Los controles CRED completos alcanzan el 53,1%, muy por encima del promedio nacional de 33,6%. La lactancia materna exclusiva llega al 83,6%, una cifra que supera ampliamente el 71,1% observado en el país.

Estos resultados no son menores. Expresan la existencia de una red sanitaria que logra llegar a buena parte de la población infantil y de una cultura familiar que continúa valorando prácticas protectoras fundamentales para la salud de la niñez. Sin embargo, la realidad sanitaria de San Martín no puede entenderse únicamente desde las coberturas.

La misma ENDES muestra una paradoja preocupante: mientras aumentan las intervenciones preventivas, persisten niveles elevados de enfermedad en la primera infancia. Las infecciones respiratorias agudas (IRA) afectan al 22,0% de los menores de tres años, casi el doble del promedio nacional. Las enfermedades diarreicas agudas (EDA) alcanzan el 20,8%, muy por encima del 12,2% registrado para el conjunto del país. Estas cifras nos recuerdan una verdad fundamental de la salud pública: los hospitales y centros de salud pueden atender enfermedades, pero no siempre pueden evitar que estas aparezcan si persisten los determinantes sociales que las generan. La enfermedad infantil no depende únicamente de la atención médica. Depende también de la calidad del agua que se consume, del saneamiento, de las condiciones de vivienda, del hacinamiento, de la nutrición, de la educación sanitaria y de las oportunidades económicas de las familias.

San Martín presenta coberturas de acceso a agua tratada y saneamiento cercanas al promedio nacional, e incluso mejores en algunas áreas rurales. Sin embargo, la persistencia de IRA y EDA sugiere que la disponibilidad de servicios no necesariamente garantiza calidad efectiva, continuidad o uso adecuado de los mismos. El desafío ya no es solamente construir infraestructura, sino asegurar que ésta funcione adecuadamente y produzca impactos reales sobre la salud.

La anemia constituye otro ejemplo de esta contradicción.

A pesar de los años de intervención estatal y de la distribución masiva de suplementos de hierro, la anemia continúa afectando a una proporción muy importante de niños sanmartinenses. Con la metodología tradicional de medición, la región se encuentra prácticamente en el promedio nacional; sin embargo, al aplicarse la nueva metodología adoptada por la Organización Mundial de la Salud, la situación aparece incluso más desfavorable.

Esto demuestra que la anemia no es únicamente un problema médico. Es también una expresión de pobreza, inseguridad alimentaria, deficiencias nutricionales, limitaciones educativas y condiciones de vida que exceden ampliamente la responsabilidad exclusiva del sector salud.

La misma lógica se observa cuando analizamos la salud materna y neonatal. San Martín ha logrado avances significativos en las últimas décadas. El parto institucional se ha convertido en una práctica ampliamente extendida y las coberturas de atención prenatal son elevadas. La planificación familiar muestra resultados favorables y el acceso a suplementos de hierro durante el embarazo alcanza niveles comparables a los mejores registros nacionales.

Pero nuevamente surge la pregunta de fondo: ¿es suficiente llegar a las personas o también debemos asegurar la calidad de la atención que reciben?

Las cifras de cobertura no siempre reflejan la calidad de los servicios. Una gestante puede haber recibido seis controles prenatales y, sin embargo, no haber sido evaluada adecuadamente para identificar riesgos obstétricos. Un parto puede ocurrir dentro de un establecimiento de salud y aun así enfrentar limitaciones por falta de especialistas, equipamiento o capacidad resolutiva.

La mortalidad neonatal continúa siendo uno de los mayores desafíos. Históricamente, San Martín ha mostrado tasas superiores al promedio nacional, una situación asociada a la dispersión geográfica, las dificultades de transporte, las barreras de acceso oportuno y las limitaciones de los servicios especializados para la atención de recién nacidos de alto riesgo. La mayoría de estas muertes son evitables. Por ello, el reto actual no consiste únicamente en incrementar coberturas, sino en fortalecer la calidad de la atención, garantizar la oportunidad de las referencias, mejorar la capacidad resolutiva hospitalaria y desarrollar sistemas de transporte materno y neonatal que permitan actuar cuando cada minuto cuenta.

Los resultados de la ENDES 2025 muestran, en realidad, una región que se encuentra en una etapa distinta de desarrollo sanitario. San Martín ya no enfrenta principalmente el problema de la ausencia absoluta de servicios. Ha avanzado considerablemente en la expansión de las intervenciones básicas. Hoy el desafío es más complejo: transformar esas coberturas en resultados sostenibles y equitativos. Eso exige una visión integral de salud pública.

Exige comprender que la salud no se produce únicamente dentro de los establecimientos sanitarios, sino también en las viviendas, las escuelas, las comunidades y los territorios. Exige articular políticas de salud, nutrición, agua y saneamiento, vivienda saludable, educación, desarrollo social y lucha contra la pobreza.

La ENDES 2025 deja una enseñanza clara. San Martín tiene capacidad para llegar a la población. Lo que necesita ahora es convertir esa capacidad de llegada en bienestar efectivo, reducción de enfermedades y mejores oportunidades de vida para sus niñas, niños, madres y familias.

Porque el verdadero éxito de un sistema sanitario no se mide por el número de intervenciones realizadas, sino por la capacidad de garantizar que las personas vivan más, mejor y con mayor dignidad.

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