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La FIFA o el play de honor del dinero

Por: Neptalí Santillán Ruiz

La FIFA ha descubierto, una vez más, que el fútbol es demasiado importante para dejarlo en manos de los futbolistas, de los hinchas o de los pueblos. Por eso lo ha puesto donde debe estar: en manos de los patrocinadores, las cadenas de televisión, los burócratas globales y los mercaderes del espectáculo.

Nos dicen que las nuevas reglas son para agilizar el juegoMentira piadosa. Son para domesticarlo, para cortarlo en pedazos vendibles. Para convertir cada pausa en un anunciocada revisión del VAR en una vitrinacada hidratación en una marca y cada segundo muerto en una caja registradora.

El fútbol, ese viejo idioma popular de los barrios, las canchas de tierra y las tribunas pobres, ha sido secuestrado por una multinacional con escudo deportivo. La FIFA ya no organiza mundiales: administra una bolsa de valores con pelota. Y mientras factura cifras obscenas, habla de inclusión. Qué palabra tan útil para los hipócritas.

Inclusión para la foto, exclusión en la frontera. Inclusión en el eslogan, humillación en el aeropuerto. Inclusión en los spots publicitarios, sospecha migratoria para africanos, asiáticos, caribeños y pueblos del sur global.

Según las denuncias recogidas, selecciones y ciudadanos vinculados a países como SenegalHaitíCosta de MarfilIrakRepública Democrática del CongoIrán y Sudáfrica habrían enfrentado trabascontrolesrechazos de visas y maltratos burocráticos. Es decir, el Mundial de todos, pero no para todos. El fútbol universal, siempre que el pasaporte sea aceptable. La fiesta del mundo, siempre que el mundo pobre entre por la puerta trasera.

La FIFA calla porque el silencio también cotiza. Calla porque los grandes mercados mandan. Calla porque no se muerde la mano que firma los contratos. Calla porque su moral empieza donde termina el patrocinio.

La vieja pelota de cuero, la que alguna vez perteneció a niños, jóvenes y pueblos enteros, ahora lleva chip, sensor, algoritmo y dueño. Ya no basta con jugar: hay que producir datosvender imágenesgenerar métricassostener audienciasalimentar plataformas y obedecer al negocio.

El VAR, que debía traer justicia, ha terminado convertido en altar tecnológico del capitalCada línea trazada parece patrocinada. Cada repetición huele a publicidad. Cada decisión arbitral viene envuelta en el celofán de una marca. La justicia deportiva ya no baja del cielo: llega con logo.

Y en medio de ese circo de pantallas, los llamados países periféricos deben competir no solo contra sus rivales, sino contra el racismo estructural, la desigualdad logística, la burocracia migratoria y el desprecio colonial apenas maquillado.

Porque esa es la verdad incómoda: el fútbol mundial reproduce el orden mundialLos ricos organizan. Los pobres entretienen. Los poderosos deciden. Los demás agradecen la invitación.

La FIFA representa hoy el capitalismo deportivo en su versión más cínica: predica igualdad mientras negocia privilegios; invoca la unidad mientras tolera discriminaciones; celebra la diversidad mientras entrega el espectáculo a corporaciones que convierten la pasión popular en mercancía global.

No hay inocencia en este modelo. Hay acumulación. Hay geopolítica. Hay negocio. Hay una maquinaria que exprime la emoción colectiva de la humanidad para transformarla en ingresos privados.

Por eso la crítica a la FIFA no es una pataleta futbolera. Es la denuncia a una institución que, bajo la coartada del deporte, actúa como una transnacional del entretenimiento. Una entidad que ha aprendido a hablar el lenguaje de los derechos mientras practica el idioma del mercado.

La pelota sigue rodando, sí. Pero cada vez rueda menos libre. Rueda vigilada, medida, vendida, segmentada, interrumpida y monetizada. Y cuando el fútbol deja de ser pueblo para convertirse en mercancía, cuando el hincha deja de ser ciudadano para convertirse en consumidor, cuando el jugador deja de ser deportista para convertirse en activo financiero, entonces el Mundial ya no es una fiesta: es una operación comercial con himnos nacionales.

La FIFA no ha modernizado el fútbol. Lo ha puesto en venta.

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