La naturaleza ya ofrece la solución más eficaz para enfrentar las inundaciones, sequías y el calentamiento global. Proteger y restaurar los bosques amazónicos no solo preserva la biodiversidad, sino también garantiza el agua, la producción agrícola y el futuro de millones de personas.
Los efectos del cambio climático ya no son una amenaza lejana. En la Amazonía peruana y particularmente en la región San Martín, las lluvias extremas, los deslizamientos, las sequías y el incremento de las temperaturas evidencian la urgente necesidad de replantear la forma en que se protege el territorio. Para la directora del Kené Instituto de Estudios Forestales y Ambientales, Lucila Pautrat, la respuesta más eficiente no está en grandes obras de infraestructura, sino en recuperar la capacidad de la propia naturaleza para regular el clima y proteger a las poblaciones. «Lo que se necesita, en realidad, es restaurar esos ecosistemas naturales, todas las áreas ribereñas y también reforestar. Hay una tecnología que es la más eficiente en términos de mitigación de los impactos del Fenómeno de El Niño y del cambio climático, que se llama bosques«, afirmó durante una entrevista difundida por el Colegio de Economistas de Lima.

La reflexión cobra especial importancia para San Martín, una región donde la expansión agrícola, la deforestación y la ocupación desordenada de las cuencas han reducido la capacidad natural de los ecosistemas para retener agua y amortiguar eventos climáticos extremos. La pérdida de bosques no solo afecta a la fauna y flora amazónica, sino que incrementa la vulnerabilidad de ciudades, centros poblados y comunidades rurales frente a inundaciones, erosión de riberas y deslizamientos.
Según plantea Lucila Pautrat, la restauración de ecosistemas naturales, la recuperación de las áreas ribereñas y la reforestación deben convertirse en políticas prioritarias si se quiere reducir el impacto de futuros eventos climáticos. Los bosques cumplen funciones irremplazables: regulan el ciclo del agua, capturan carbono, estabilizan los suelos y mantienen el equilibrio climático del que dependen la agricultura, la seguridad alimentaria y la disponibilidad de agua para miles de familias amazónicas.

En una región como San Martín, donde los principales ríos nacen y recorren extensas zonas boscosas antes de abastecer a ciudades y centros agrícolas, conservar la cobertura forestal significa proteger la economía regional y la calidad de vida de la población. Cada hectárea restaurada fortalece la resiliencia del territorio frente a fenómenos extremos y contribuye a preservar uno de los patrimonios naturales más importantes del país.
El mensaje de Lucila Pautrat invita a mirar el desarrollo desde una perspectiva diferente: entender que la inversión más rentable para enfrentar el cambio climático no siempre está en el cemento o la maquinaria, sino en conservar aquello que la naturaleza ha construido durante miles de años. Para San Martín y toda la Amazonía, recuperar los bosques no es únicamente una acción ambiental, sino una estrategia de desarrollo, seguridad y bienestar para las generaciones presentes y futuras.



