Códigos de la patrona de Lamas “AL TRIUNFO DE LA SANTA CRUZ”, el espíritu que ya mira al 2027
Más que reglas, son tradiciones transmitidas de generación en generación. Entre fe, música, gastronomía y amistad, los lamistas mantienen viva una de las festividades más auténticas de la Amazonía peruana, donde cada patronero sabe que la celebración se vive con el corazón.
La Fiesta Patronal de Lamas no se aprende en un libro. Se vive en las calles, al ritmo de la banda típica, entre el abrazo de los amigos, la hospitalidad de las familias y la profunda devoción a la Santísima Cruz de los Motilones. Cada julio, la ciudad reafirma una identidad construida sobre la fe, la cultura y la alegría colectiva.
Con la mirada puesta en la celebración del 2027, los llamados «códigos patroneros» resumen, con humor y orgullo, las costumbres que todo buen patronero conoce y respeta.

1. La cabezonía es para toda la vida
Los colores de una cabezonía no se cambian por nada. Más que un grupo de fiesta, representa una gran familia donde nacen amistades, recuerdos e identidad. Ser parte de una cabezonía es llevar a Lamas en el corazón, sin importar dónde se viva.
2. El verdadero patronero recorre las 16 cabezonías
Cada una tiene su propia esencia, sus anfitriones, su gastronomía y su forma de celebrar. Visitarlas todas es un reto que pone a prueba la resistencia, pero también la amistad y el espíritu festivo.
3. La Velada de la Cruz marca el verdadero inicio
Antes de la música y el baile está la fe. La Velada de la Cruz reúne a las familias en un ambiente de oración y reflexión, recordando el origen religioso de la festividad.
4. Del 7 al 16 de julio casi no se duerme
Durante diez días, Lamas cambia de ritmo. Las noches se prolongan entre visitas, música y pandillas, mientras cada amanecer anuncia una nueva jornada de celebración.
5. La hospitalidad también se brinda en un vaso
La tradicional chicha, el uvachado y el indanochado forman parte de la bienvenida a propios y visitantes. Compartir estas bebidas es una muestra de generosidad, siempre acompañada de responsabilidad.
6. Cuando suena la banda típica, todos bailan
No importa la edad ni la experiencia. El sonido del bombo, las quenas y los tambores invita a todos a integrarse a la pandilla, donde nadie permanece sentado.
7. El que ayuda también celebra
Preparar alimentos, servir, limpiar o colaborar en la organización forma parte del espíritu patronero. La fiesta es posible gracias al trabajo de cientos de familias que comparten, además, miles de platos de comida con visitantes y vecinos.
8. La tradición se escucha con banda típica
La esencia de la fiesta no está en los grandes parlantes, sino en la música tradicional que acompaña cada recorrido y mantiene viva una herencia transmitida por generaciones.
9. La pandilla necesita buenos compañeros
La resistencia también es parte de la celebración. Elegir una buena pareja para bailar significa compartir risas, cansancio y momentos inolvidables que muchas veces terminan convirtiéndose en grandes amistades o historias de amor.
10. La pandilla se baila hasta el final
Quien inicia el recorrido lo culmina. Permanecer en la pandilla hasta el último chimaychi simboliza el respeto por una tradición que une a toda la comunidad.
11. Alegría sí, pero con respeto
La fiesta permite cantar, reír, abrazar y celebrar con entusiasmo, siempre cuidando a las personas, los espacios públicos y el patrimonio cultural que distingue a Lamas.
12. Lo importante es bailar
No existe un traje oficial. Basta vestir el polo de la cabezonía, ropa cómoda y zapatillas resistentes para disfrutar largas jornadas de pandilla por las calles de la ciudad.

Una tradición que fortalece la identidad
Estos códigos no figuran en ningún reglamento, pero forman parte de la memoria colectiva de los lamistas. Son expresiones nacidas de la experiencia, el humor y el profundo amor por una festividad que integra fe, cultura, música, gastronomía y convivencia.
Cada julio, Lamas demuestra que sus tradiciones permanecen vigentes y que cualquier visitante puede convertirse en patronero, siempre que esté dispuesto a recorrer las calles al ritmo de la banda típica y bailar hasta que suene el último chimaychi.
Tomás Cotrina Trigozo
Docente universitario, gestor cultural y miembro de la ANP – Lamas.



