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Historias de Tarapoto, 82

Por Willian Gallegos Arévalo

A los treinta minutos del segundo tiempo, el asedio de los selváticos era terrible y los characatos se habían replegado pues solo se dedicaron a salvar el empate. Descubrieron que los del Cultural Juanjui como que parecía hubieran llevado todas las fieras de la selva y los arequipeños ya temían una hecatombe funesta para sus colores.

Los ingresos de Tello y Cáceda le habían dado más movilidad al Cultural Juanjui. En la defensa, los graníticos Acosta, Ruíz, Saldaña y Silva eran una muralla infranqueable ante ya las ya débiles arremetidas arequipeñas quienes, por casi inercia, pugnaban por llegar al arco donde Sinti se había erigido en un sólido baluarte. Desde las tribunas llegaba el aliento para los dos equipos, aunque se percibía más fervor en las barras sanmartinenses. Y en la lejanía, desde algún lugar de la selva, los compañeros de promoción de Ruíz y Tello enviaban sus vibraciones, entre ellos Faustino Hidalgo Marinho, José Guillermo Achuy Portocarrero, Ramiro Seijas Saldaña, Fernando Fernández Delgado, el chazutino George Flores Garazatúa quienes, también, vivían momentos de ansiedad.

Y precisamente llegaron esos minutos en donde el fútbol se llena de dramas profundos. Son esos momentos en que los sueños se derrumban, las ilusiones mueren y como si los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgaran llevando muerte y desolación. Precisamente a los 39 minutos, el medio campo del Cultural Juanjui, con Seclen y Cáceda, hilvanó una jugada que terminó en los pies de Carril quien, a su vez, vio a Tello en una posición favorable para recoger el pase, y es cuando desde las tribunas adivinaron que algo tenía que ocurrir en esos instantes. Tello se proyectó por la izquierda en una veloz carrera y cuando vio la ubicación inmejorable de Rodríguez le hizo un pase largo y este, con tranquilidad y serenidad admirables, envió la pelota al fondo de las redes arequipeñas.

Y se produjo la locura. Nunca una finalísima de la Copa Perú vivió una emoción profunda. Se rompieron los esquemas y es ahí donde, precisamente, nace una nueva manera de ver el Perú. Ya no seríamos esos ciudadanos a quienes se nos mira por sobre el hombro; un territorio que se debe contentar solo con migajas. Era un nuevo despertar. Ese gol señero tenía connotaciones profundas porque era la incorporación de la selva a una nueva realidad geopolítica. Y de paso, el gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas había contribuido a crear una nueva identidad, dentro de un proceso de revalorizarnos como auténticos ciudadanos.

Sin embargo, faltaba más. La misión no había concluido. Los del Deportivo Carsa habían arriado sus banderas y se rindieron a la evidencia, porque estaban peleando contra paladines. A los 42 minutos una corrida de Cáceda permitió el pase de la pelota a Rodríguez que, bien ubicado, volvió a inflar las redes arequipeñas. Las emociones llegaron a niveles superlativos y ya nada sería igual. Ese 2-1 del triunfo del Cultural Juanjui seguirá teniendo una profunda significación en nuestras vidas. (Comunicando Bosque y Cultura).

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