En San Martín la pérdida de bosque en 2024 llegó a 17, 183 hectáreas.
La pérdida de bosques también compromete la biodiversidad, la regulación del agua y la capacidad de respuesta de las cuencas frente a lluvias intensas, inundaciones y movimientos en masa.
El territorio peruano cambió de manera profunda durante las últimas cuatro décadas. Entre 1985 y 2025, el país perdió 3,7 millones de hectáreas de vegetación natural, una reducción equivalente al 4 % de la superficie registrada al inicio del periodo, mientras las áreas destinadas a actividades humanas crecieron en 4,3 millones de hectáreas, lo que representa un incremento del 53 %.
Las cifras corresponden a la nueva Colección 4 de MapBiomas Perú, presentada el 20 de agosto en Lima, y permiten reconstruir, año por año, dónde se produjeron las transformaciones del territorio y qué actividades estuvieron vinculadas con ellas. “Esta colección permite reconstruir qué coberturas se transformaron, donde ocurrieron los cambios, y qué actividades estuvieron asociadas a esas transformaciones, generando evidencia para decisiones informadas en todo el territorio peruano”, explicó Zuley Cáceres, representante del Instituto del Bien Común (IBC) y de MapBiomas Perú.
Entre los cambios más notorios destaca el avance de la minería, cuya superficie aumentó en 2510 % a nivel nacional entre 1985 y 2025. En la Amazonía, la expansión fue todavía más pronunciada, al multiplicarse por 190 la superficie destinada a esta actividad. Para 2025, Madre de Dios concentraba el 57 % de la superficie minera del país. La agricultura también amplió significativamente su presencia. Las áreas destinadas a actividades agropecuarias alcanzaron 11,7 millones de hectáreas en 2025, un aumento del 50 % respecto de 1985. A ello se sumó el crecimiento de las ciudades, con una expansión de la superficie urbana del 168 %, equivalente a 244 mil hectáreas adicionales. Algunos cultivos también experimentaron una expansión acelerada. La superficie de palma aceitera pasó de 11,6 mil a 125 mil hectáreas, un aumento del 1075 %, mientras que el área destinada al arroz se multiplicó por más de cuatro y las plantaciones forestales triplicaron su extensión.

Pero detrás de las cifras nacionales existe una realidad especialmente sensible en el departamento de San Martín, donde la presión sobre los bosques tiene consecuencias que van más allá de la pérdida de árboles. De acuerdo con el Plan de Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres ante Inundaciones y Movimientos en Masa de San Martín 2024-2030, elaborado con información de Geobosques/Programa Nacional de Conservación de Bosques, la pérdida acumulada de bosque registrada entre 2001 y 2024 llegó a 521 600,23 hectáreas en el ámbito analizado. Solo entre 2015 y 2024, la suma de las pérdidas anuales reportadas alcanza aproximadamente 161 396 hectáreas.
La dimensión del problema también aparece en los registros nacionales. CEPLAN, utilizando estadísticas del Ministerio del Ambiente, señala que la cobertura boscosa de San Martín pasó de alrededor de 3,4 millones de hectáreas en 2015 a 3,2 millones en 2024, mientras que la pérdida de bosque en 2024 llegó a 17 183 hectáreas.
La desaparición y fragmentación de estos bosques supone además una presión creciente sobre la flora y fauna silvestres, porque reduce y divide los hábitats donde numerosas especies encuentran alimento, refugio y lugares de reproducción. El SENAMHI ya advertía que la cuenca del río Mayo, una de las principales del departamento, alberga una diversidad de ecosistemas y especies de fauna y flora, pero enfrenta amenazas derivadas de la deforestación, la construcción de carreteras, los asentamientos humanos y la extracción de especies nativas, agravadas por peligros hidroclimáticos como lluvias intensas, inundaciones y sequías.

El problema adquiere mayor gravedad cuando la pérdida de cobertura vegetal alcanza las cabeceras de cuenca, zonas fundamentales para captar, almacenar y regular el agua que alimenta ríos y quebradas. La eliminación de la vegetación deja el suelo más expuesto a la erosión y favorece un mayor escurrimiento superficial durante las lluvias intensas, aumentando la posibilidad de arrastre de sedimentos, deslizamientos y crecidas rápidas en los cursos de agua. En San Martín, esta relación entre cobertura vegetal y riesgo no es solo una preocupación ambiental.
Por ello, la pérdida de bosque en las partes altas puede terminar expresándose kilómetros aguas abajo en forma de mayor erosión, sedimentación, desbordes, huaicos y daños a poblaciones, carreteras, puentes, cultivos y sistemas de abastecimiento de agua. El riesgo se vuelve todavía más relevante en un escenario de cambio climático. El SENAMHI advierte que las variaciones en las lluvias, la temperatura y los caudales de los ríos pueden modificar significativamente las condiciones de vida y las actividades productivas de San Martín, una región vulnerable a eventos hidrológicos extremos como inundaciones y sequías. La transformación tampoco fue uniforme entre las regiones naturales del país. La Amazonía peruana registró la mayor pérdida absoluta de vegetación natural, con 3,2 millones de hectáreas menos entre 1985 y 2025.

El informe presenta mejoras metodológicas destinadas a aumentar la precisión de la información histórica y cuenta con una alianza con el Laboratorio de Gestión del Territorio de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para validar académicamente los datos. Gilmer Medina, representante de la universidad, resaltó que la cooperación fortalece la confiabilidad de los mapas y su utilidad para la investigación científica y la gestión pública. “El rigor académico garantiza que los datos de MapBiomas sean precisos y confiables”, sostuvo.
En San Martín, conservar un bosque ya no es solo proteger árboles y especies: también significa defender las cabeceras de cuenca, asegurar la regulación del agua y reducir la vulnerabilidad de las poblaciones frente a las lluvias extremas, inundaciones y movimientos en masa.



