Por Dolly Cristina Del Águila Arévalo
Kuri Anka
El reciente desastre en la frontera entre Nepal y el Tíbet deja una lección que trasciende la tragedia: los procesos de la naturaleza no terminan donde colocamos nuestros límites político-administrativos. Cómo se gestione un territorio puede generar consecuencias en el vecino colindante e incluso más allá.
El Perú tampoco es ajeno a escenarios cambiantes. El INAIGEM ha identificado 528 lagunas de origen glaciar con riesgo de desborde, 58 de ellas en nivel muy alto. Y llegaremos a las elecciones regionales y municipales de octubre bajo un escenario de El Niño que exigirá prevención, preparación y capacidad de respuesta.
La información existe. CENEPRED genera información sobre peligros y riesgos, mientras San Martín avanza en su Meso ZEE, cuyos estudios pueden orientar y complementar el trabajo de las entidades competentes, aportando conocimiento sobre las características, potencialidades y limitaciones del territorio, así como escenarios tendenciales frente a fenómenos y condiciones que se presentan en un planeta cambiante y vulnerable, marcado además por una creciente intervención humana.
Este escenario con el que ya convivimos debería formar parte de lo que los candidatos nos presentan en sus planes de gobierno. Sin embargo, la campaña continúa concentrándose en las conocidas promesas de carreteras, agricultura, infraestructura y obras. ¿Quién está explicando cómo gobernará frente a escenarios de riesgo cada vez más complejos y recurrentes?
Hay otra realidad casi ausente del discurso político: San Martín tampoco es una isla. Comparte con departamentos vecinos cuencas, ecosistemas y dinámicas territoriales, donde lo que se haga —o deje de hacerse— en una circunscripción puede repercutir en otra. Esto también debería formar parte de las propuestas: cómo gestionar servicios ecosistémicos y riesgos utilizando información territorial, fortaleciendo la prevención y articulando acciones entre gobiernos regionales colindantes.
El territorio es un sistema vivo, dinámico e interdependiente. Este octubre no bastará preguntar qué promete cada candidato, sino si comprende el territorio que pretende gobernar y tiene capacidad para anticipar, articular y responder. Porque la complejidad territorial no esperará a que las nuevas autoridades aprendan a gobernar, en una realidad donde las condiciones de vida de la población están profundamente relacionadas con el clima, los ecosistemas y la geología del territorio.



