César Vallejo escribió dos cuentos sobre las diferencias sociales en las escuelas primarias: Paco Yunque (1931) y El vencedor (1936) publicados póstumamente. El Poeta universal murió el 15 de abril de 1938. El vencedor relata la pelea entre los escolares, Juncos de condición humilde y Cancio de condición acomodada.
Sobre el autor
César Vallejo (Perú 1892–1938) Nació en Santiago de Chuco, vivió en Lima y Europa principalmente en París, donde murió. Es considerado el Poeta Universal por abordar temas universales como el sufrimiento, la orfandad, la muerte, y la injusticia social. Publicó su primer poemario Los heraldos negros en 1918, luego Trilce en 1922, El tungsteno en 1931, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz en 1939.
Sobre el cuento El Vencedor (Extracto)
“Un incidente en el recreo llevó a dos niños a romperse los dientes a la salida de la escuela. Gran número de muchachos, con los libros al brazo hacían un redondel en cuyo centro estaban los contrincantes: dos niños más o menos de la misma edad se miraban echándose los convexos pechos, con aire de recíproco desprecio. Se formaron partidos por uno y otro de los contrincantes. Se hacían apuestas como en las peleas de gallos. Juncos era el niño descalzo y pobremente vestido. Sus pies desnudos mostraban los talones rajados. El pantalón andrajoso y desgarrado a la altura de la rodilla izquierda le descendía hasta los tobillos. Reía como si le hiciesen cosquillas. Las apuestas en su favor crecían. Cancio era un niño decente, hijo de buena familia. Se mordía el labio superior con altivez y cólera de adulto. Tenía zapatos nuevos.”
Juncos miró a la multitud con los ojos humedecidos
“El tropel se sumió en un silencio trágico. Cancio no se movía de su guardia parando las acometidas de Juncos que con un puñetazo en el costado derecho le hizo tambalear. Juncos, finteando, sonreía. Entonces Cancio respondió con los puños rectamente al pecho, a las clavículas, al cuello, a los hombros de su enemigo. Juncos vaciló, defendiéndose con escaramuzas inútiles. Cancio se enardecía visiblemente y cobró la ofensiva. Juncos estaba muy castigado y parecía que iba a doblar pico, tenía el pabellón de una oreja ensangrentado a semejanza de una cresta de gallo. Un instante miró a la multitud y sus ojos se humedecieron.”
El vencedor estaba triste y lloró
“Juncos hizo un ademán significativo. El verdor de las venas de su arañado cuello palideció ligeramente. Le poseyó un súbito coraje lanzando un feroz puñetazo en la cara del inminente vencedor y le derribó al suelo. Cancio fue llevado en brazos, tenía un ojo herido, el grupo de pequeños avanzaba, de vuelta a la aldea, hablando poco y a media voz, con una entonación adolorida. Hasta Juncos, el propio vencedor, estaba triste. Se apartó de todos y fue a sentarse en un poyo del sendero. Hundió su sombrero hasta las cejas y así ocultó el rostro. ¡Juncos estaba llorando!
¡Chócale! para la salida
Sin duda alguna este relato nos remonta a la etapa escolar de los años sesenta (60), cuando veíamos que los más viejos del aula primaria (pues era común compartir el grado hasta con adolescentes de quince años) se retaban a pelear a puño limpio por haberle “mentado la madre” o “tocado el trasero”. No limpiar esta afrenta con los puños era cobardía en sumo grado. El ofendido levantaba el puño cerrado y decía: ¡Chócale para la salida!, si el agresor golpeaba el puño, la pelea estaba pactada a la salida de la escuela.
Fuentes consultadas:
Google. Wikipedia. http://es.wikipedia.org
Google. Casa de la literatura peruana. http://www.casadelaliteratuta.gob.pe
Google. Revista Fénix. http://revistafenix.bnp.gop.pe



