Operación “Yacuruna” golpeó infraestructura utilizada para extraer oro ilegalmente en el río Curaray. También fueron retenidos 370 galones de petróleo e intervenidos cinco ciudadanos colombianos.
Un nuevo golpe contra la minería ilegal fue ejecutado en una zona estratégica de la Amazonía peruana. Las Fuerzas Armadas desarrollaron la operación denominada “Yacuruna” en el río Curaray, en Loreto, donde lograron destruir e inutilizar 10 dragas y una nave nodriza que era utilizada como centro logístico para las actividades de extracción ilegal de minerales.
La intervención se desarrolló durante tres jornadas operativas, en las que también fueron encontrados 14 cilindros de combustible y aproximadamente 370 galones de petróleo, insumos indispensables para mantener en funcionamiento este tipo de maquinaria y las embarcaciones utilizadas por las organizaciones dedicadas a la extracción ilegal de oro.
La operación permitió además intervenir a cinco ciudadanos de nacionalidad colombiana que no contaban con documentación, quienes fueron puestos a disposición de la Policía Nacional del Perú para las investigaciones correspondientes.

Cabe recordar que el río Curaray forma parte de una extensa red de ríos y quebradas amazónicas que conecta territorios de gran importancia ecológica y social. En estos espacios, la presencia de dragas representa una amenaza que va más allá de la extracción ilegal de minerales: implica alteración del cauce, remoción de sedimentos, afectación de la fauna acuática y contaminación de los cuerpos de agua.
Las dragas funcionan como verdaderas plataformas flotantes de extracción. Su capacidad para remover grandes cantidades de sedimento permite intervenir directamente el lecho de los ríos, alterando ambientes de los que dependen las poblaciones ribereñas para la pesca, el transporte y el abastecimiento de agua.
El operativo adquiere especial relevancia porque combatir la minería ilegal en la Amazonía no significa únicamente retirar maquinaria. Se trata de evitar que los ríos se conviertan en corredores para actividades vinculadas a economías ilícitas, que pueden avanzar hacia zonas cada vez más alejadas de los centros urbanos.

Uno de los componentes estratégicos de la operación “Yacuruna” fue la coordinación con el Ejército Ecuatoriano, que estableció un cerco en la zona fronteriza con el objetivo de restringir posibles rutas de escape.
El desafío para las autoridades ahora es evitar que las organizaciones dedicadas a la minería ilegal simplemente reemplacen las dragas destruidas y regresen al mismo territorio.
Por ello, especialistas han advertido reiteradamente sobre la necesidad de combinar las acciones de interdicción con vigilancia permanente, investigación fiscal, control del combustible, seguimiento de las rutas fluviales y protección de las comunidades que habitan en las zonas afectadas. Por: Segundo Chuquipiondo



