En 28 comunidades de Tocache, el cultivo de 1000 hectáreas de plátano se consolida como una alternativa económica para igual número de familias. La experiencia muestra que el desarrollo alternativo no solo busca cambiar cultivos, sino también abrir oportunidades, generar ingresos lícitos y fortalecer la seguridad de las comunidades.
En el caserío de Loboyacu, distrito de Santa Lucía, provincia de Tocache, una parcela de plátano representa para 1000 familias productoras algo más que una actividad agrícola. Es una apuesta por mejorar los ingresos, construir una economía lícita y sostenible y reducir la vulnerabilidad de las comunidades frente al tráfico ilícito de drogas (TID).
La experiencia fue conocida de cerca por Carlos Alberto Ramos Otiniano, presidente ejecutivo de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), durante una visita de trabajo realizada en la zona. La intervención productiva comprende 1000 hectáreas de cultivo de plátano distribuidas en 28 comunidades de cuatro distritos de la provincia de Tocache, donde las familias vienen desarrollando una actividad orientada a fortalecer sus economías.
Para los agricultores, el cambio también tiene una dimensión personal y social. Somner Sinrahua Sol, uno de los beneficiarios, destacó que acceder a una actividad lícita significó una transformación para su familia. “Gracias a Devida puedo caminar libremente por las calles, sin el temor de ser detenido”, expresó, reflejando cómo el desarrollo alternativo puede representar no solo una fuente de ingresos, sino también una oportunidad para recuperar tranquilidad y perspectivas de futuro.
El trabajo, sin embargo, no se limita a promover un cultivo: implica acompañar a las familias, conocer sus necesidades y fortalecer actividades que puedan sostenerse en el tiempo.
En territorios como Tocache, donde durante años la economía ilegal tuvo una presencia significativa, la generación de alternativas rentables y sostenibles constituye uno de los principales desafíos para consolidar una economía rural estable.

La agenda del titular de Devida también incluyó una visita a la Oficina Zonal Tarapoto, donde sostuvo una reunión con el ejecutivo zonal y los colaboradores de la sede para revisar el avance de las intervenciones y las acciones dirigidas a atender a población vulnerable frente al TID.
El desafío es que estas alternativas productivas no dependan únicamente de campañas o intervenciones puntuales, sino que logren articularse con mercados, asistencia técnica, productividad, transformación y comercialización, de manera que los agricultores puedan sostener sus ingresos en el largo plazo.
La experiencia del plátano en Tocache coloca nuevamente en el centro una realidad que suele quedar fuera de las estadísticas: la lucha contra las economías ilegales también se libra en las parcelas, en las familias y en las oportunidades que existen para quienes viven en el campo. El reto ahora será garantizar que esa apuesta tenga mercados, asistencia y condiciones suficientes para convertirse en una oportunidad sostenible.
Sustituir una economía ilegal no consiste solamente en cambiar un cultivo: significa construir una economía capaz de ofrecer ingresos, dignidad y futuro. En Tocache, cada hectárea que produce legalmente también representa una oportunidad para que una familia pueda mirar hacia adelante con mayor seguridad.



