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Registran grupos de monos choros de cola amarilla durante monitoreo en el Bosque de Protección Alto Mayo. Más razones para defender nuestra biodiversidad

Entre pendientes, quebradas y copas de árboles, guardaparques y especialistas siguen las huellas del mono choro de cola amarilla. Cada encuentro revela que conservar el bosque no es solo proteger una especie, sino resguardar el agua, los ecosistemas y el futuro de las poblaciones del Alto Mayo.

En elBosque de Protección Alto Mayo, el bosque habla en silencio. Lo hace entre las ramas, en los sonidos que se pierden entre las copas y en las huellas que dejan sus habitantes. Durante setiembre, guardaparques y especialistas del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) volvieron a internarse en el sector San Agustín para seguir el rastro del mono choro de cola amarilla, una de las especies emblemáticas de este territorio amazónico y cuya presencia permite conocer mucho más que el número de individuos que aún sobreviven en el bosque.

El equipo recorrió dos de los 11 recorridos establecidos para el monitoreo, cada uno de tres kilómetros, avanzando con los equipos necesarios para registrar cualquier señal que confirmara la presencia de la especie. La mirada se elevó constantemente hacia las copas de los árboles, porque allí puede aparecer un ejemplar, un movimiento fugaz o alguna evidencia de su paso: frutos parcialmente consumidos, sonidos entre las ramas o cualquier otra señal capaz de contar una parte de la historia de este primate.

En esa tarea estuvo Job Elías Cercado, guardaparque con cerca de 15 años de trabajo en Alto Mayo, acompañado por sus compañeros Joiver, Miguelito, Mario e Ilan. Caminar el bosque, reconocer senderos, trasladar equipos y llenar las fichas de campo son labores que pueden parecer rutinarias, pero que adquieren otra dimensión cuando cada dato puede ayudar a entender dónde vive una especie, cómo se desplaza y qué condiciones necesita para permanecer en un territorio cada vez más presionado por distintas actividades humanas.

Los registros obtenidos en San Agustín se suman a los realizados entre junio y agosto en otros sectores del área protegida. En Venceremos, los equipos encontraron al mono choro de cola amarilla en dos de los tres recorridos, identificando grupos de aproximadamente cuatro a seis individuos. En Perla de Oro, en tanto, fue posible observar a la distancia un grupo pequeño. Son encuentros que, aunque breves, adquieren valor cuando se incorporan a una serie de observaciones que permitirá construir una imagen más precisa de la presencia de la especie en el Alto Mayo.

La investigación, por tanto, no se limita a contar monos. Busca comprender el bosque que los sostiene: los lugares donde encuentran alimento, los espacios que utilizan como refugio y las rutas que emplean para desplazarse.

El Bosque de Protección Alto Mayo no es únicamente refugio del mono choro de cola amarilla. Sus bosques cumplen además una función esencial para las poblaciones de Moyobamba y Rioja, al contribuir a la provisión de agua y sostener servicios ecosistémicos fundamentales. Por eso, cada registro de biodiversidad termina conectándose con una preocupación mucho más amplia: la defensa de un territorio que sostiene vida silvestre y, al mismo tiempo, las condiciones que hacen posible la vida de miles de personas.

Porque conocer es el primer paso para proteger, y proteger el Alto Mayo significa entender que cada árbol, cada especie y cada fuente de agua forman parte de una misma trama.

El bosque no tiene voz para defenderse. Pero sus especies, sus aguas y sus huellas nos recuerdan todos los días que todavía estamos a tiempo de hacerlo.

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