Médico cirujano:Neptalí Santillán Ruiz
La salud pública en nuestra región no soporta más promesas vacías; detrás de cada estadística fría hay familias enteras que sacrifican lo poco que tienen buscando una curación que a menudo llega demasiado tarde.
La salud en San Martín describe un sistema cuyas dificultades terminan descargándose directamente sobre el paciente y su familia. Detrás de cada demora hay tiempo perdido, gastos de traslado y necesidades sin resolver. Para quienes gobiernan, la brecha puede aparecer como un simple casillero administrativo, pero para quien necesita atención significa preguntarse cuánto tendrá que esperar y cuánto podrá pagar. Allí comienza la responsabilidad política: en permitir que un derecho fundamental dependa del domicilio y del bolsillo.
El problema estructural de lainsuficiencia de recursos humanosexige una discusión seria y sin maquillajes. La información disponible menciona aproximadamente un médico por cada 1.053 habitantes, sin precisar año, prestadores incluidos ni distribución territorial. Ese promedio no permite establecer cuántos profesionales faltan realmente, ni demuestra que la población tenga acceso efectivo. Un médico contabilizado en la región puede estar muy lejos de la comunidad que lo necesita.
Existen tres brechas que no deben confundirse: la cuantitativa, la de distribución y la de capacidad efectiva. En octubre de 2025, la propia DIRESA San Martín informó que había planteado ante el Congresola urgencia de cerrar brechas de personal y fortalecer infraestructura y equipamiento. Ese antecedente obliga a preguntar qué resultados verificables produjeron aquellas gestiones. La escasez comprende a médicos generales y especialistas, enfermería, obstetricia, odontología, psicología, nutrición y personal técnico. Reducir la solución a contratar médicos mutila el diagnóstico. Un profesional aislado no reemplaza a un equipo.
En hospitales y centros de salud se multiplican las largas esperas, las consultas especializadas diferidas y la falta de medicamentos. En comunidades rurales e indígenas se agregan además la distancia, el costo y las barreras lingüísticas y culturales. Quien tiene recursos busca alternativas en el sector privado; quien carece de ellos posterga el cuidado o sacrifica otros gastos, profundizando la desigualdad.
La solución comienza con un diagnóstico público y transparente por establecimiento y profesión. Después corresponde financiar equipos donde las necesidades sean mayores, con contratación transparente, condiciones que favorezcan la permanencia e incentivos para zonas alejadas. Fortalecer la atención primaria exige equipos estables que conozcan a su población, mientras que la población organizada debe participar activamente en la vigilancia de los resultados.
San Martín no puede seguir pagando las fallas del sistema con viajes dolorosos, incertidumbre y tratamientos interrumpidos; la gestión sanitaria solo se acredita cuando la persona sana y recibe atención digna, porque ningún aplauso institucional cura la enfermedad.



