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Los árbitros parrilleros

En Tarapoto, organizar una actividad benéfica, un aniversario institucional o simplemente un campeonato de fulbito, estos se realizaban los domingos, con una logística inimaginable para estos días; todo se hacía bajo el rimbombante nombre de “parrillada deportiva bailable”, en pro de algo, y lo que más llamaba la atención era el pro viaje de promoción de quinto año del Jiménez, Santa Rosa o la Ofelia. Antes, con dos eventos de venta de parrilladas deportivas y una matiné en el Papillón, ya podías comprar los pasajes en avión para viajar a Trujillo. Definitivamente, eran otros tiempos.

Así eran los domingos en la entonces apacible Tarapoto, desde inicios de la década de los 80, con la organización de las famosas “parrilladas deportivas bailables”. La cosa pintaba así: se empezaba con la venta de parrilladas de pollo, para luego iniciar los partidos de fulbito con equipos especialmente invitados. Claro que tenían que colaborar con 50 tickets, que era la inscripción para el campeonato parrillero. Los podías ver en el Club Huracán de Tarapoto, la Zona Agraria, el Oasis de Morales o el Agricobank, y hasta en las losas de los propios colegios, donde se definían encuentros muy disputados. El premio eran 10 cajas de cerveza, y entre el toque de balón y la espumosa, las chicas esperaban impacientemente la hora final del campeonato para iniciar el bailongo con la orquesta o el grupo cuadrafónico y rogar que no quiten la luz, casi finalizando la tarde.

Los jueces de estos encuentros eran árbitros de los campeonatos de Copa Perú, que hacían sus reales en estas famosas “parrilladas”. Muy orondos, ellos arbitraban desde las 10 de la mañana hasta la 1 de la tarde, y sin más ni más, se trasladaban al estadio municipal para ser el juez principal de los partidos de equipos de ese tiempo: Unión Zona Agraria, Deportivo Cali, Suta Boys, entre otros.

Entonces, cualquier falta cobrada era indicio para que la tribuna, jocosamente, le gritara al árbitro, no insultando, no recordándole a la madre, sino simplemente “árbitro parrillero”, el apodo más grave en ese entonces, que llegó a generar discusiones en los programas deportivos: que si podía o no arbitrar en una parrillada y luego ir a ser el principal o juez de línea en el estadio de Tarapoto. Luego, muchos árbitros de prestigio ya no hacían sus cachuelos en las “parrilladas”, para no ser llamados “árbitro parrillero”. Que ahora eran dirigidas por los profesores de educación física.

Ya en los 90, varias cosas cambiaron. Progresivamente, el término de “parrillada deportiva bailable” se transformó en “parrillada bailable”, siempre los domingos en la ciudad. El pretexto ya no eran las promociones ni los aniversarios institucionales; ahora la población organizaba los eventos para un fin más altruista: el pavimentado de sus calles.

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