La selva no pide compasión. Pide respeto, justicia y una oportunidad para seguir siendo vida.
La llegada de León XIV a Pucallpa:los problemas de la selva ya no pueden ser considerados asuntos locales.El saqueo de los recursos y la amenaza de la minería ilegal forman parte de una crisis que compromete la vida y el futuro de todos.
Por: Beto Cabrera Marina
Monseñor Miguel Ángel Cadenas Cardo, desde su experiencia pastoral en la selva peruana, reflexiona sobre la llegada del papa León XIV al Perú y sobre los desafíos que enfrentan los pueblos amazónicos ante la minería ilegal, las economías criminales y el deterioro de la naturaleza.
En la Amazonía hay palabras que no se escuchan desde los grandes escenarios, pero que nacen a la orilla de los ríos, en las comunidades y en los pueblos que conocen de cerca el avance de la minería ilegal, el despojo de los recursos y las dificultades que enfrenta una población que muchas veces siente que el país habla de ella sin escucharla.
Desde este territorio, donde la fe camina junto a la defensa de la vida y de la creación, monseñor Miguel Ángel Cadenas Cardo, obispo del Vicariato Apostólico de Iquitos y miembro de la Orden de San Agustín, mira con esperanza la próxima presencia del papa León XIV en Pucallpa. Su reflexión parte de una certeza: la visita no debería ser solamente un acontecimiento religioso, sino una oportunidad para que el mundo vuelva los ojos hacia quienes habitan y protegen esta parte del planeta.

Para el religioso, la historia de León XIV con el Perú tiene una raíz profundamente misionera. Recuerda que el entonces religioso agustino, de origen norteamericano, llegó a Chulucanas, en el norte del país, donde descubrió una realidad distinta a la que conocía y terminó profundamente vinculado al Perú. Posteriormente dedicó 10 años a la formación de sacerdotes agustinos en Trujillo, antes de asumir distintas responsabilidades dentro de la orden, incluida la dirección de los agustinos en Chicago y luego la responsabilidad como superior general en Roma durante 12 años. Más adelante, el papa Francisco lo nombró obispo de Chiclayo, donde permaneció otros 10 años, hasta su llamado a Roma y, finalmente, su elección como pontífice. Para Cadenas, toda esa trayectoria permite entenderlo como un “agustino misionero, enamorado del Perú”.
Desde esa mirada, monseñor Cadenas considera que una de las principales tareas será escuchar. En un mundo marcado por la incertidumbre, la inteligencia artificial y una crisis de confianza en muchas instituciones, sostiene que el Papa puede convertirse en una voz que coloque nuevamente a la persona en el centro. Su reflexión apunta a la necesidad de una humanidad capaz de no perderse frente a una transformación tecnológica que avanza con rapidez y que obliga a preguntarse qué lugar ocuparán la dignidad, la solidaridad y el bien común.
Pero es cuando habla de la Amazonía que su voz adquiere otra profundidad. Pucallpa, dice, puede convertirse en un momento especial para la Iglesia amazónica y para los pueblos que habitan este territorio. Espera que León XIV pueda dirigirse desde allí no solamente a los católicos, sino a toda la Amazonía, al Perú y, finalmente, al mundo. La razón es sencilla: los problemas de la selva ya no pueden ser considerados asuntos exclusivamente locales. El clima, los desbordes de los ríos, el saqueo de los recursos y la amenaza de la minería ilegal forman parte de una crisis que compromete la vida y el futuro de todos.

La preocupación no se limita al daño ambiental. Monseñor Cadenas advierte que alrededor de la minería ilegal también crecen economías criminales vinculadas a la trata de personas, afectando directamente la dignidad de hombres, mujeres, niños y comunidades. Por eso, cuando habla de defender la creación, no se refiere únicamente a árboles, ríos o bosques. Habla también de personas, de pueblos indígenas, de familias ribereñas y de comunidades que tienen derecho a vivir en un territorio donde la riqueza natural no termine convertida en una condena.
En su memoria aparecen también las visitas de otros pontífices al Perú. Recuerda a Juan Pablo IIaIquitosaquel 5 de febrero de 1985, su paso por Ayacucho en tiempos difíciles para el país. Recuerda asimismo la presencia de Francisco en Puerto Maldonado, – 19 de enero de 2018 – donde estuvo presente y pudo vivir de cerca aquel encuentro con los pueblos indígenas y la defensa de la creación. Ahora, la Iglesia mira hacia Pucallpa, convencido de que la Amazonía vuelve a ocupar un espacio importante en la agenda mundial.
Para el obispo de Iquitos, que un Papa con ciudadanía peruana llegue a esta parte del país tiene además una dimensión que trasciende la fe. Considera que su presencia representa una oportunidad para mostrar al mundo el Perú amazónico, sus pueblos y sus desafíos. En sus palabras hay una invitación a aprovechar ese foco internacional para que la Amazonía no sea observada solamente como una enorme reserva de recursos, sino comouna casa habitada por pueblos con historia, cultura, derechos y dignidad.

Y en medio de este tiempo que describe como gris y cargado de incertidumbre, Cadenas encuentra otra señal: el renovado interés de jóvenes y ciudadanos que acuden a escuchar al Papa. No todos lo hacen necesariamente por razones religiosas, explica, sino porque existe una búsqueda de certezas y de sentido. En sociedades donde se ha roto la expectativa de que las nuevas generaciones vivirán necesariamente mejor que sus padres, aparece nuevamente la necesidad de escuchar palabras que hablen de esperanza, humanidad y futuro.
Su mensaje final vuelve a la Amazonía. Espera que la presencia de León XIV fortalezca a la Iglesia para trabajar por el bien común y por la conservación del planeta, entendido desde la fe comocreación de Dios. Y deja una tarea que no corresponde únicamente a los creyentes: mirar la selva no como una mercancía, sino como un territorio vivo del que depende también el futuro de quienes viven lejos de sus ríos y bosques.
Su mensaje se suma a una esperanza que atraviesa los departamentos amazónicos: que la voz del Papa en Pucallpa sirva para recordar que defender la naturaleza es también defender a quienes viven en ella.
Porque cuando un río muere, no desaparece solamente el agua; cuando un bosque cae, no cae solamente un árbol; y cuando una comunidad es despojada, no se pierde solamente un territorio: se hiere una parte de la humanidad.



