Por Miguel Antonio Noriega del Águila
Niño escritor peruano de 10 años
Muchas veces pensamos que los niños debemos leer y escribir solo para cumplir tareas escolares o aprobar exámenes. Sin embargo, estas actividades nos ayudan a descubrir el mundo, expresar sentimientos, desarrollar la imaginación y confiar en nuestras ideas.
Lo descubrí a través de mi experiencia. A los 7 años escribí mi primera obra, El Lobo Comedor de Manzanas, y a los 8, Miguel y la Planta Mágica. Actualmente trabajo en mi sexta obra. Cada historia representa un aprendizaje y una oportunidad para compartir.
Mis libros me han permitido participar en ferias nacionales e internacionales. Una experiencia especial fue la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), en Colombia. Esto me enseñó que la edad no es un límite para expresar nuestras ideas y perseguir nuestros sueños.
Mi colegio ha sido fundamental en este camino. Desde pequeño me motivó a leer y escribir mediante su espacio literario «Leemos en familia», que permite a los estudiantes leer obras durante el año. Cada mes, padres e hijos participamos en conversatorios para compartir nuestras experiencias. Así, los libros también llegan a nuestros hogares y nos permiten aprender juntos.
Estas iniciativas deberían promoverse en más instituciones educativas, porque convierten la lectura en un hábito que disfrutamos en casa y en el colegio.
Agradezco especialmente a mis padres y a mi familia por apoyarme, escuchar mis ideas y animarme a continuar. Su amor y compañía son fundamentales para seguir trabajando por mis sueños.
Considero que la lectura debe ocupar un lugar especial desde los primeros años. Los libros nos permiten aprender palabras, conocer otros lugares y desarrollar nuestra capacidad de pensar. También debemos tener oportunidades para escribir historias, inventar personajes y expresar nuestros sentimientos sin miedo a equivocarnos.
Me gustaría que más colegios promovieran talleres de escritura, concursos literarios, bibliotecas y encuentros donde podamos presentar nuestras creaciones. Los maestros y directores deben ayudarnos a descubrir nuestros talentos desde pequeños.
A mis compañeros y a todos los niños les digo que no tengan miedo de escribir. No importa si nos equivocamos; lo importante es comenzar, leer cada día y dejar volar la imaginación.
Estoy convencido de que, con el acompañamiento de nuestras familias y escuelas, podremos crecer como personas más creativas, sensibles y seguras.
Porque un niño que aprende a leer descubre nuevos mundos, pero un niño que se atreve a escribir también puede crear uno propio.



