Primera entrega
Por: Arqueólogo Cristian E. Vizconde García, con Maestría en Arqueología Andina.
La reciente campaña de campo del Programa de Investigación Arqueológica con Fines de Conservación del Parque Nacional Río Abiseo de la Dirección Desconcentrada de Cultura de San Martín del Ministerio de Cultura permitió identificar nuevas estructuras, reconocer una mayor densidad arquitectónica de la conocida hasta ahora y documentar daños que requieren medidas de conservación oportunas y rápidas.
En las profundidades del Parque Nacional del Río Abiseo, en la región San Martín, se encuentra el Gran Pajatén, la Perla de la Amazonía, uno de los asentamientos arqueológicos más singulares del patrimonio cultural peruano. Su arquitectura, sus muros decorados y sus representaciones figurativas constituyen testimonios excepcionales de las sociedades que habitaron esta región de los Andes amazónicos. Sin embargo, su importancia arqueológica contrasta con la vulnerabilidad de sus estructuras, expuestas a condiciones ambientales que favorecen el deterioro y la pérdida progresiva de sus componentes originales.
La expedición multidisciplinaria del Programa de Investigación Arqueológica con Fines de Conservación del Parque Nacional Río Abiseo (HC1) 2026-2027 permitió observar y constatar directamente esta situación. Durante quince días de trabajo se desarrollaron actividades de prospección arqueológica, diagnóstico de conservación y documentación, además de labores destinadas a reconocer y delimitar sitios arqueológicos relacionados con Gran Pajatén, complementados con estudios de flora y fauna.


Los resultados no hacen más que reafirmar que el Gran Pajatén necesita continuar siendo investigado, pero también requiere acciones pertinentes de conservación oportuna, técnicamente sustentadas, para evitar la pérdida irreparable de su patrimonio arquitectónico.
Un “paisaje arqueológico” más extenso y complejo
Uno de los resultados más importantes de esta campaña fue la identificación de nuevas estructuras de piedra dentro del asentamiento, dentro del área de prospección y también fuera de una poligonal propuesta. Este hallazgo indica que la densidad arquitectónica de Gran Pajatén es mayor y que todavía existen sectores que necesitan ser investigados y documentados de manera más precisa.
Contar con nuevas estructuras no representa solamente un incremento en el número de ellas, sino que plantea interrogantes sobre la extensión y organización interna del asentamiento, la distribución y ordenamiento de sus edificios, y las relaciones espaciales entre ellas y su relación con el paisaje natural pretérito.
A ello se suma la identificación de otras estructuras a lo largo de la ruta de acceso. Durante estas labores también se avanzó en la delimitación de las extensiones de seis sitios arqueológicos asociados al área de Gran Pajatén, una labor necesaria para mejorar su reconocimiento, protección y gestión.
Nuestros resultados demuestran que el conocimiento histórico – arqueológico del Parque Nacional del Río Abiseo puede ampliarse considerablemente. Es así que la prospección permite reconocer evidencias sin necesidad de excavar ni recolectar materiales, generando información que servirá para orientar futuras investigaciones y establecer prioridades de acciones.


Un monumento expuesto a procesos continuos de deterioro
Mientras ampliamos el conocimiento del Gran Pajatén y sus sitios asociados, se alza un peligro para su preservación, y cuya tarea de atender sus condiciones no puede postergarse. El Gran Pajatén constituye un patrimonio excepcional, único e irrepetible, pero es vulnerable. Sus características constructivas, sus materiales empleados y su exposición permanente a las condiciones ambientales del bosque húmedo generan desafíos para su conservación.
El agua, la humedad, las lluvias y la escorrentía interactúan con la vegetación y otros agentes biológicos, favoreciendo procesos de erosión, meteorización (pulverización) y pérdida de elementos líticos. A ello se suman la presencia de deformaciones (pandeos), los desplazamientos unidades líticas, inclinaciones de muros y desprendimientos del arte decorativo como las cabezas de los diseños humanos.
Estos procesos son dinámicos y no actúan de manera aislada. Se debe tener en cuenta que las construcciones fueron hechas, en cierta medida, para recibir manteniendo continuo. La pérdida de material, por lo tanto, sin tratamiento, deja más superficies expuestas y vulnerables. La vegetación no es estática y el crecimiento de árboles o plantas contribuye a incrementar las presiones sobre los muros.
Por lo tanto, la conservación no puede limitarse a registrar los daños cuando estos ya se han producido. Es necesario reconocer los mecanismos que los originan, evaluar su evolución y establecer medidas preventivas y de estabilización de acuerdo con las características de cada construcción o edificio.




