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Alto Mayo emerge como el gran refugio del café en San Martín frente al cambio climático

El mensaje es claro: adaptarse ya no es una opción, sino una necesidad para proteger uno de los cultivos más emblemáticos de la Amazonía peruana.

Un estudio del Senamhi revela que Rioja y Moyobamba concentrarán las mejores condiciones para la caficultura en las próximas décadas, mientras otras zonas perderían aptitud productiva.

El avance del cambio climático ya no es una advertencia lejana para el café peruano. En San Martín, una de las regiones más importantes en la producción cafetalera del país, los efectos del aumento de temperatura y la alteración de las lluvias empiezan a redibujar el mapa agrícola. Así lo confirma una reciente investigación del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), que identifica al Alto Mayo, especialmente el corredor conformado por Rioja y Moyobamba, como la zona con mayor capacidad de resistencia y adaptación para el cultivo en las próximas décadas.

El estudio, desarrollado en el marco del proyecto ENANDES, aplicó herramientas de aprendizaje automático para proyectar cómo evolucionarán las condiciones climáticas hacia los años 2050 y 2065. Los resultados muestran que el futuro del café no dependerá únicamente de la tradición productiva o de la experiencia agrícola, sino de la capacidad para responder a un entorno climático cada vez más exigente.

La principal conclusión coloca al Alto Mayo como un verdadero refugio productivo. Mientras otras áreas enfrentarán mayores dificultades, las provincias de Rioja y Moyobamba mantendrían condiciones favorables para el desarrollo del cafeto, gracias a variables como altitud, temperatura y régimen hídrico. No obstante, el panorama regional sigue siendo preocupante: las áreas consideradas no aptas para el cultivo pasarían de 61.4 % del territorio regional en la actualidad a 63.2 % hacia el año 2065. Aunque el incremento parece moderado en términos porcentuales, implica una reducción progresiva del espacio disponible para uno de los motores económicos del campo sanmartinense.

Los cambios también se reflejarán en la productividad. En las zonas bajas, especialmente en provincias como El Dorado, se proyecta una disminución promedio de 50 kilogramos por hectárea, asociada al estrés térmico y a condiciones menos favorables para la planta. En contraste, las áreas más elevadas del Alto Mayo podrían registrar incrementos de entre 100 y 150 kilogramos por hectárea, lo que evidencia un desplazamiento natural del cultivo hacia mayores altitudes. En otras palabras, el café buscará sobrevivir subiendo la montaña.

Pero el estudio no se quedó en los modelos matemáticos. También recogió la voz de quienes viven del cultivo día a día. El 89 % de los agricultores consultados afirmó haber percibido ya los impactos de las olas de calor, especialmente durante etapas sensibles como la floración y la fructificación. A ello se suma una amenaza creciente: el aumento de plagas y enfermedades como la roya amarilla y la broca, dos enemigos históricos que encuentran condiciones más favorables en climas alterados.

Frente a este escenario, el Senamhi plantea una hoja de ruta basada en adaptación y ciencia. Entre las medidas recomendadas destaca el impulso de sistemas agroforestales, mediante árboles de sombra que ayuden a regular la temperatura del cultivo y conservar humedad en el suelo. También propone fortalecer el manejo técnico, con control integrado de plagas, uso de abonos orgánicos y mejores prácticas agronómicas. A ello se suma la necesidad de incorporar tecnología e investigación, como sistemas de riego eficiente y el desarrollo de variedades más resistentes al calor extremo y la sequía.

El mensaje de fondo trasciende al café. Lo que ocurre en San Martín es una muestra de cómo el cambio climático obligará a replantear la agricultura en todo el país. Allí donde hoy se siembra con normalidad, mañana podría no ser posible hacerlo. Por eso, la información científica no debe quedarse en los informes técnicos: debe traducirse en políticas públicas, inversión y decisiones concretas. El futuro del café peruano, y de miles de familias que dependen de él, comienza a definirse desde ahora.

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