Por Willian Gallegos Arévalo
Siempre nos emocionan las historias de vida. Conocer la trayectoria de quienes triunfan en otras latitudes nos llena de ese conjunto de sensaciones que nos motivan porque demuestran que siempre habrá esas oportunidades que la existencia brinda a los que tienen fe y deseos de triunfar: si lograrlo en tu terruño es algo muy positivo, hacerlo en otras latitudes tiene profundos significados.
Frecuentemente recibo noticias de nuestros connacionales y que, de repente, desaparecen y llega ese momento cuando nos enteramos de los logros y los reconocimientos que reciben: ya sea de ellos mismos, o de sus hijos. Y se integran a sus nuevas tierras sin olvidar el amor a la suya donde nacieron y todo los que ello significa, porque la fuerza raigal es incólume. Son esos momentos en que nos contagiamos también, porque triunfar en otras tierras es el símbolo de que este mundo nos pertenece, y no hay tierras cautivas siempre y cuando sepamos respetar las identidades. Y en este artículo quiero compartir esa emoción de escribir sobre Anthony Edward Deza Paredes (31), porque son historias que motivan, inspiran, nos llenan de esperanzas a pesar de los tiempos turbulentos que vivimos.
La historia de Anthony Edward nos es cercana porque tiene sus orígenes en Juan Guerra. Es la demostración de que todos podemos cuando hay empeño, fe, esperanza y compromiso por ser siempre más y mejor. Hijo de dentistas que un día decidieron emigrar al gran país del norte a buscar mejores horizontes, siguió la tradición de sus padres, quienes se establecieron en el condado de Moreno Valley y Riverside, California, Estados Unidos. Allí Anthony Edward Deza Paredes es donde desarrolla sus habilidades y capacidades cuando decide estudiar odontología –siguiendo la tradición familiar–, en una prestigiosa universidad norteamericana. Entonces se forma una estirpe de profesionales que crean una marca familiar con las cualidades de inteligencia, iniciativa, habilidades para la innovación y esa vocación de servicio con los que se adquiere el verdadero significado de nuestras vidas. Eso es precisamente Anthony Edward, y nos llena de orgullo patriótico.
Hijo de Anthony Deza Rolando (Lima) y de Roció de Jesús Paredes López, tarapotina de pura cepa, Anthony Edwar nos enseña que triunfar en el extranjero nos es cosa fácil. Nadie les pone una alfombra roja para caminar sobre ella, porque triunfar comprende horas de estudios, someterse a privaciones, encontrarse en situaciones adversas cuando se cree que todo se derrumba. Anthony Edward expresa su orgullo de haber tenido profesores de prestigio mundial que le inculcaron desarrollar sus propias innovaciones, como se destaca en la revista digital VoyageLA, al que tuve acceso. Porque de eso de trata: innovar, crear nuevos métodos de atender a los pacientes y servir a la humanidad. Y no puedo dejar de concluir diciendo: esta historia de vida me llena de orgullo y profundas emociones, porque el triunfo de Anthony Edward es también de su familia y de todos nosotros. (Comunicando Bosque y Cultura).



