Clima no disponible
1 PEN = 0.297 USD|1 USD = 3.362 PEN

Capítulo IX – DONDE TERMINA LA ORILLA

La última señal llegó sin hacer ruido. Llegó con una quietud tan siniestra que cayó sobre el caserío e incluso pareció contener a las aguas del río. No era la calma común de otras noches, cuando los grillos cargan al aire con sus sonidos y los perros responden con ladridos a sombras errantes. Aquella noche no hubo nada de eso: ni rumores, ni pasos, ni zumbidos. Solo una ausencia profunda que el cuerpo reconoció antes que la mente. Algunos despertaron sin razón, con el corazón acelerado, convencidos de que alguien o algo había estado en la habitación observándolos mientras dormían. Pero cuando miraban alrededor solo encontraban oscuridad, profunda e inquietante oscuridad, como si también estuviera esperando algo. Otros permanecieron acostados, escuchando su propia respiración. Algo estaba ocurriendo. No en la superficie del pueblo, sino debajo, en esa capa invisible donde se acumulan las memorias que no se quiere pronunciar.

Nadie salió de su casa, pero todos pensaron en el río. Había en el aire una presión rara, como si el mismo pueblo respirara con dificultad. Las madres tocaron el pecho de sus hijos dormidos para sentir su respiración, temiendo, sin saber por qué, que en algún momento ese acto pudiera detenerse. Algunos hombres salieron al patio y miraron hacia la oscuridad donde sabían que fluía el agua.

Cerca de la medianoche el sonido volvió, no era la corriente. Era una extraña respiración. Una inhalación profunda que parecía arrastrar el aire del caserío entero hacia la corriente. Luego una siniestra exhalación, lenta, pesada, como si algo gigantesco descansara bajo la superficie del agua. Quienes la escucharon no lo comentaron al amanecer, porque todos comprendieron algo al mismo tiempo: el río ocultaba a aquello que respiraba junto a ellos.

Cuando llegó la mañana nadie pudo explicar lo ocurrido. No hubo revelación, solo extrañas coincidencias.

Las desapariciones antiguas, los rumores que circulaban por los pueblos, las prosperidades inexplicables, las manos lavadas con insistencia y las manchas de sangre que el agua se negaba a borrar parecieron reunirse en una misma experiencia que ningún testigo logró identificar. Algunos fingieron haber comprendido el pacto. Afirmaron que el yakuruna nunca pidió sacrificios directos, sino algo mucho más simple y terrible: “consentimiento”.

Otros juraron que no había ocurrido nada, que el río siguió su curso como siempre, que las desapariciones eran accidentes, que las prosperidades repentinas eran fruto del trabajo o pura suerte.

Las versiones comenzaron a contradecirse, los registros quedaron inconclusos y las investigaciones no se cerraron.

Sin embargo, una sensación incomprensible persistió en quienes permanecieron cerca del río. Una sospecha inexplicable: “La posibilidad de que todo hubiese sido una creación simbólica, un miedo colectivo nacido de antiguas creencias”. O la posibilidad contraria: “Que aquello hubiese ocurrido exactamente como se decía, que cada entrega hubiese abierto algo en el fondo del río y que ahora esa grieta respiraba. No como un monstruo, sino como una voluntad”.

Sabemos pues, que hay historias que no buscan demostrar la verdad; solo revelan hasta dónde llega nuestra intención de negarlas.

Cuando el último testigo deja de hablar, queda suspendida una pregunta que nadie quiere pronunciar a viva voz: Si todo fue solo imaginación, ¿por qué el río suena distinto algunas noches? ¿Por qué quienes viven cerca de él despiertan con la sensación de haber respirado algo más que aire? ¿Por qué algunos sienten, al acercarse a la orilla, que su pecho se ajusta al ritmo del cauce?

Tal vez no ocurrió nada.

O tal vez el pacto nunca terminó.

Porque el yakuruna no necesita mostrarse. Le basta con aprender a respirar con los hombres y una vez que lo consigue, ya no importa dónde esté el río.

Basta con que alguien, en cualquier lugar, escuche su propia respiración en medio del silencio y sienta, por un instante, que no está respirando solo.

GARY MORI

Comparte esta publicación:

Facebook
X
LinkedIn
WhatsApp