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CEDEVOR con las puertas abiertas, pero primero para los que sueñan con ser campeones

Una campeona regional no pudo entrenar por falta de llaves. El caso de la selección Sub-14 pone sobre la mesa una pregunta mayor: ¿para quién se construyen los grandes escenarios deportivos públicos? Para Maxwell Bartra, referente del vóley en San Martín, la respuesta debe ser clara: primero para los escolares y jóvenes que hacen del deporte una oportunidad de vida.

La inauguración de una infraestructura deportiva debería significar puertas abiertas, canchas llenas y niños corriendo detrás de un balón. Pero en el Centro de Desarrollo Deportivo (CEDEVOR), en Morales, ocurrió exactamente lo contrario. La mañana de ayer martes, la selección femenina Sub-14 del Colegio Ofelia Velásquez actual campeona regional del deporte escolar, llegó para entrenar y encontró las puertas cerradas.

No había guardián. No había llaves. Y tampoco estaba disponible el acceso que, según las coordinaciones previas, había sido autorizado.

Las jóvenes deportistas se preparan para representar a San Martín en la etapa macro regional que se desarrollará en Chachapoyas, por lo que cada jornada de entrenamiento resulta importante. El equipo había solicitado el uso de las instalaciones del CEDEVOR de lunes a viernes de 7:30 a 9:30 de la mañana y de 6:00 a 8:00 de la noche.

La delegada del conjunto, según explicó el profesor Maxwell Bartra, había participado en una reunión con el administrador del recinto y otros representantes, donde se confirmó que las deportistas podrían utilizar las instalaciones.

Sin embargo, al momento de la verdad, las puertas estaban cerradas. “Llegamos con la información de que estábamos autorizados para entrenar, pero no había guardián, no había llave y la puerta estaba cerrada”, relató Bartra, visiblemente preocupado por lo ocurrido.

La situación se complicó todavía más cuando llegó el administrador del recinto y, de acuerdo con la versión del entrenador, tampoco tenía las llaves. La explicación que recibieron fue que el guardián había sido separado de sus funciones un día antes y que se habría llevado las llaves.

Mientras tanto, las deportistas esperaban.

Finalmente, aproximadamente a las 9:20 de la mañana, se consiguió abrir el recinto. Pero el tiempo se había agotado. El entrenamiento ya había terminado y las jóvenes tuvieron que regresar a sus casas para prepararse y asistir a sus clases.

Una puerta cerrada terminó convirtiéndose así en el símbolo de un problema mayor: la falta de coordinación en la administración de una infraestructura que acaba de ser inaugurada y que debería estar al servicio de la población deportiva.

Una inversión pública no puede quedarse vacía

Para Maxwell Bartra, el episodio debe servir como una llamada de atención. El CEDEVOR no puede convertirse simplemente en un espacio para alquilar canchas durante determinadas horas. Al tratarse de una inversión pública, su propósito debe ser mucho más amplio. “Una inversión del Estado debe servir a la juventud que practica deporte”, sostuvo. Y allí está el fondo de su reclamo.

San Martín necesita escenarios deportivos, pero necesita todavía más que esos escenarios tengan una verdadera finalidad social. Que los niños puedan entrenar. Que los escolares puedan competir. Que los jóvenes encuentren una alternativa saludable. Que los talentos que hoy juegan en una cancha de barrio tengan mañana la posibilidad de representar a su provincia, a su región o al país.

Bartra considera que el CEDEVOR debe convertirse en una plataforma de masificación deportiva, especialmente para aquellos menores cuyos padres no pueden pagar academias privadas.

El entrenador recordó además una propuesta trabajada durante los primeros años de la actual gestión regional, basada en establecer tarifas sociales y programas deportivos permanentes que permitan que la infraestructura pueda autosostenerse sin perder su objetivo social.

La lógica, explica, es sencilla: llenar las canchas de niños y adolescentes, organizar horarios, generar actividades y establecer costos accesibles. De esa manera, el propio movimiento deportivo podría contribuir al mantenimiento de los escenarios y al desarrollo de nuevas actividades.

No se trata solamente de alquilar una cancha. Se trata de utilizar una cancha para formar personas y deportistas.

Que el CEDEVOR sea una cantera

La selección Sub-14 es apenas un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando existe demanda deportiva y no hay una organización acorde con ella.

Son niñas que estudian, entrenan y compiten. Son campeonas regionales y tienen la responsabilidad de defender a San Martín en una competencia macro regional. Se necesitan espacios donde puedan prepararse, pero también necesitan saber que esos espacios públicos fueron pensados para ellas.

Una infraestructura de estas características necesita planificación.

La visión de que cada cancha puede ser una escuela.

La visión de que cada entrenamiento puede descubrir un talento.

La visión de que cada niño que entra a practicar un deporte está ganando una oportunidad para alejarse del sedentarismo, ocupar positivamente su tiempo y aprender valores como disciplina, esfuerzo, compañerismo y perseverancia.

Más CEDEVOR, sí; pero con más niños, más niñas dentro.

San Martín necesita más espacios como el CEDEVOR y, en el futuro, escenarios similares en cada provincia.  El reto está en convertir la infraestructura en movimiento: niños entrenando, colegios compitiendo, entrenadores formando y familias acompañando.

Porque el verdadero éxito de un escenario deportivo no se mide el día de su inauguración, ni por el tamaño de sus tribunas, ni por cuánto puede recaudar en alquileres. Se mide por la cantidad de jóvenes que consigue poner dentro de una cancha y por la cantidad de sueños que logra convertir en realidad.

Finalmente, es el mensaje deMaxwell Bartraun referente del vóley regional:si San Martín quiere más campeones, primero debe darles a sus jóvenes un lugar donde entrenar, competir y soñar.

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