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lunes, mayo 27, 2024
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Con la plata baila el mono

pastillas para no dormir
Alonso Ocampo
columnista

El 2014 habrán elecciones regionales y municipales, la pregunta recurrente que se formula a los voceados candidatos es ¿cuánto vas a invertir? Y lo que parece una pregunta tan sencilla probablemente sea la exteriorización de lo que muchos pensamos harían en el hipotético que ganen una elección: recuperar con creces el dinero “invertido”.
Tener buena voluntad, ideas brillantes o integridad como persona ya no son suficientes para un sistema que ha corrompido a los que participan tanto como candidatos o electores. Resulta casi imposible doblegar la tradicional forma de hacer campañas políticas, porque además de promesas irrealizables, están los regalitos de polos, nets de vóleibol, pelotas de fulbito, gorritos, llaveritos, lo que llaman los huachafos “el merchandaisin”. Esa avalancha de regalos tiene un altísimo presupuesto que la mayoría de candidatos no pueden sostener.
Muchas veces  uno se pregunta quién engaña a quién. En la práctica todos sabemos que aquel que te aplaudió a rabiar en un mitin, el que te pidió con desesperación un “merchaidaisin” lo hará con todo aquel candidato que pase por su lado. Los afiches tampoco significan simpatía genuina por el candidato, más bien termina convirtiéndose en un verdadero atentado contra el ornato público ya que se pueden observar paredes “forradas” con propaganda política.
Entonces uno empieza darse cuenta que cuanto más “invierta” un candidato  más podrá satisfacer las expectativas intrascendentes y frívolas de los electores, si llevas la mejor agrupación musical o la mayor cantidad de regalos ten por seguro que tus posibilidades de un triunfo aumentan. Lamentablemente así funcionan las cosas desde hace mucho tiempo.
Resulta muy didáctico el ejemplo de los alcaldes de Moyobamba y Tarapoto, el primero un político con experiencia en el gobierno municipal, con un primer periodo para el olvido logró ganar nuevamente las elecciones -desarrollando una campaña populista en extremo- sin tener claro cómo iba a enrumbar una ciudad con tan graves problemas, hoy los resultados saltan a la vista. De Walter Grundel y su “conmigo no hay vainas” también se ha dicho mucho. Creo que el tarapotino promedio siente vergüenza de tener como alcalde a una persona con conocimientos tan primarios, de conducta tan inestable y que no representa adecuadamente a su población. Ambos políticos además de tener una ejecución presupuestal pobre, sin obras de mayor impacto social y económico están pensando en la reelección. Ironías de la vida y la política.
Los que manejan campañas políticas afirman que en Moyobamba se hace una campaña respetable con 350 mil soles, en Tarapoto 500 mil, aunque se afirma que Walter Grundel “invirtió” una suma cercana al millón de soles, recordando su campaña uno puede suponer que esa versión es cierta.
Conversaba de este tema con un político importante de San Martín y le manifestaba que me gustaría ver a determinada dama postulando al Gobierno Regional de San Martín, pensé que me iba responder cuestionando sus capacidades profesionales o su integridad personal, simplemente me dijo “no puede, está misia”, a renglón seguido me dijo “mira quien quiera ganar una elección regional tiene que invertir  para una campaña ambiciosa un millón de dólares y una campaña misia 500 mil dólares”.
Esta es la visión limitada y mezquina de quienes postulan a cargos públicos, todo se reduce a que si tienes o no tienes plata. Este sistema perverso, lo sostenemos casi todo, no se salvan ni los medios de comunicación y periodistas, ya que el candidato “idealista” por lo general no tiene el dinero suficiente para pagar publicidad en los medios.
El próximo año también escucharemos promesas de austeridad, pero llegada la hora de las definiciones los gastos de campaña se elevarán exponencialmente. Ni las rendiciones de los presupuestos de campaña tienen mayor relevancia, ya que finalmente a nadie le interesa la procedencia del dinero. Y ello funciona así porque probablemente ningún candidato o partido político podrían señalar el origen lícito de su financiamiento como tampoco negar un compromiso a futuro con sus aportantes en los procesos de adquisiciones.
Al ciudadano de a pie le debería inquietar cualquier campaña política con presupuestos exorbitantes, porque lamentablemente además de prostituir una elección pone en entredicho las verdaderas intenciones que podría tener determinado candidato. Mención aparte merece Carlín Castillo cuya voluntad y entusiasmo no se ha visto mellada para iniciar su campaña política de cara a las próximas elecciones municipales, con las únicas herramientas, que le conozco, su voz, sus intenciones y su andar diario. Seguramente no le alcanzará, pero el simple hecho de no claudicar en medio de campañas políticas que se han transformado en campañas del que tiene más dinero, merece sincero respeto.

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